El reloj asesino (1948)

Cierto aire excéntrico, humor inteligente y cáustico

En esos años posteriores a la segunda guerra mundial, cuando abundaron las obras maestras del cine clásico, John Farrow hizo una adaptación inteligente y habilidosa de la novela El gran reloj, de Kenneth Fearing. Si la novela era desafiante por su complicada estructura —narrada por las voces de sus personajes— y dejaba un regusto amargo por su cinismo, el cineasta, respetando lo esencial, sabe agilizar y hacer más accesible la historia.

El punto de partida es arriesgado: el periodista de sucesos George Stroud presencia el asesinato de una amiga suya a manos de su editor, el todopoderoso Earl Janoth. Este sabe que ha sido visto pero no reconoce al testigo, así que encarga una investigación a Stroud, que debe darse caza... ¡a sí mismo! Este punto de partida tiene un excelente desarrollo, resultando una película ingeniosa y llena de giros. Además, destaca un reparto plagado de talentos: Ray Milland, Maureen O´Sullivan, Charles Laughton, Elsa Lanchester...

Farrow sabe imprimir un desquiciado ritmo de vodevil al trabajo de los periodistas: gente que entra y sale, conversaciones interrumpidas por órdenes «de arriba», encargos que tenían que estar para ayer... El protagonista ni siquiera ha podido disfrutar de su luna de miel, y lleva años casado... Ese ambiente frenético encuentra su contrario en los bares, donde la gente puede perderse y fantasear con otra vida, a otro ritmo. O en ese peculiar anticuario lleno de objetos imposibles. Gracias a estos ambientes y sus impagables personajes, El reloj asesino acaba teniendo cierto aire excéntrico, y compensando el dramatismo de la historia con un humor inteligente y cáustico.


el interior del mecanismo del reloj


Conforme avanza la película, el contraste y la agresividad de su fotografía en blanco y negro se van haciendo más patentes, hasta alcanzar el expresionismo. El protagonista absoluto es la esfera del reloj del edificio Janoth, siempre visible, marcando un ritmo inapelable que todos deben seguir para poder integrarse —más bien por la fuerza— en esa maquinaria impersonal que es el mundo del trabajo. Y nuestro falso culpable librará una última batalla en el interior del mecanismo del reloj, cuyas inacabables escaleras serán trampa y a la vez posibilidad de escape.

En 1987, Roger Donaldson firmó una nueva versión protagonizada por Kevin Costner: No hay salida. En realidad, ni tenía mucho que ver con la película previa, ni con la novela. Además, su director y su protagonista no podían estar a la altura...

David G. Panadero



Tit. Orig: The Big Clock. EEUU, 1948. Director: John Farrow. Guión: Jonathan Latimer. Música: Victor Young. Fotografía: Daniel L. Fapp, John F. Seitz. Intérpretes: Ray Milland, Charles Laughton, Maureen O’Sullivan, George Macready

De los gritos de dolor del expresionismo a los más inquietos thrillers europeos sin olvidar los grandes clásicos de Hollywood, el equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de cincuenta títulos escogidos. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el Equipo PRÓTESIS para el número 8 de su publicación en papel, coordinado por David G. Panadero

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