El fotógrafo del pánico (1960)

Lo más espantoso y aterrador es tener miedo

Situarnos en su punto de vista
La declaración de principios de El fotógrafo del pánico está en su primera escena, y casi en su primer plano, ese plano detalle de la torreta de objetivos de la «Bell & Howell» que el protagonista esconde bajo el abrigo.

Comenzando con la escena del asesinato de una prostituta bajo el punto de vista del visor de la cámara oculta que lo está filmando, además de dar una lección de metalenguaje cinematográfico —evidentemente es una película sobre el voyeurismo y, viéndola, los espectadores entramos a participar de esta misma parafilia—, Michael Powell (y su guionista, Leo Marks) se adelanta casi cincuenta años a su tiempo, con el antecedente de los formatos de tv de cámara oculta y todo tipo de realitys basados en la observación (espectador-mirón) de concursantes y celebrities.

La película, considerada hoy en día una obra maestra, en el momento de su estreno destrozó la carrera de Powell en Reino Unido, lo que nos aporta una interesante reflexión acerca de a qué velocidad ha cambiado la moral del audiovisual. Hoy en día cualquier discreto formato de reality (tele-realidad vs. ficción) resulta mucho más epatante que la aparente crudeza con la Powell retrata las filmaciones de los asesinatos.


nuestra mirada acompaña a la del «malo»


Aunque, en realidad, lo que remueve nuestras conciencias en El fotógrafo del pánico no es, precisamente, esa crudeza ni ese «objetivismo» en el que nos sitúa con la «mirada-ojo-visor» ante los crímenes del perturbado protagonista. Antes bien, lo que nos perturba es comprender cómo Powell ha conseguido que el ejercicio de suspense lo suframos con un personaje como Mark, enfermo, semi pornógrafo, desequilibrado… Y que lleguemos a situarnos en su punto de vista. Nuestra mirada acompaña a la del «malo» y vemos (y vamos) con él; es nuestro referente.

El suspense se crea ante la posibilidad de que Mark sea descubierto y detenido por el policía que le sigue, y nosotros, voyeurs cinéfilos, no queremos que eso ocurra. Un sentimiento que despierta nuestra culpa y que alcanza su máxima expresión en la magnífica escena final, cuando Helen descubre qué tipo de películas filma el hombre del que se ha enamorado. En última instancia, vemos a través de la mirada de Mark porque, justo antes de filmar el clímax de su propia muerte, nos descubre la verdad que no queremos conocer: lo más espantoso y aterrador es tener miedo.

David Alonso


Tit. Orig: Peeping Tom. Reino Unido, 1960. Director: Michael Powell. Guión: Leo Marks. Música: Brian Easdale y Wally Stott. Fotografía: Otto Heller. Intérpretes: Karlheinz Böhm, Moira Shearer, Anna Massey, Maxine Audley

De los gritos de dolor del expresionismo a los más inquietos thrillers europeos sin olvidar los grandes clásicos de Hollywood, el equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de cincuenta títulos escogidos. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el Equipo PRÓTESIS para el número 8 de su publicación en papel, coordinado por David G. Panadero

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