Crímenes exquisitos. Vicente Garrido y Nieves Abarca

El crimen y las Bellas Artes, toda suerte de rituales sexuales y una hermandad sadomasoquista

Ambientes desconocidos
Leída esta desbordante novela —desbordante por sus 800 páginas, por su intensidad y sabiduría narrativa— me entran ganas de buscar un titular potente, de esos que secuestran la mirada. Podría ser algo así como «Thomas Harris realmente vive en Galicia», o «Garrido-Abarca provocan más Vértigo que Boileau-Narcejac», y en parte estaría acertando, pero a la vez traicionaría a Garrido y Abarca, ya que sin disimular en ningún momento sus referencias básicas, consiguen elaborar una novela muy personal, que es mucho más que la mera suma de sus antecedentes.

En sus numerosas páginas, Crímenes exquisitos nos hace rememorar lo mejor del siglo XIX y la larga tradición del thriller yanqui, eso sí, adaptándolo al momento actual, ubicándolo en nuestro entorno. Una joven de la alta sociedad coruñesa aparece asesinada en un estanque, formando una bellísima coreografía que firmarían como propia los prerrafaelitas. La inspectora Valentina Negro correrá con la investigación, ayudada por el criminólogo Javier Sanjuán. El crimen y las Bellas Artes, y todas las combinaciones posibles entre ambos, sin descartar toda suerte de rituales sexuales, una hermandad sadomasoquista, serán exploradas a fondo por los personajes —por sus autores—. Lo mejor es que, demostrando inteligencia y buen criterio, sabrán situarse tan lejos del puritanismo como de la ingenua admiración que suscitan estas temáticas prohibidas.


reconstruir la corriente de conciencia del asesino


No era gratuita la alusión al crimen y las Bellas Artes, lo que me lleva a hablar de las profesiones de los autores. El psicólogo Vicente Garrido ha colaborado en numerosas ocasiones con la policía, y gracias a él, en las dos últimas décadas se han resuelto algunos casos que han trascendido a la opinión pública. Y Nieves Abarca, que también es perfiladora, es asimismo Historiadora del Arte. Precisamente gracias a su bagaje tenemos una novela precisa, verosímil hasta extremos inquietantes, que nos permite acceder a ciertos ambientes y mundos que para la mayoría suelen pasar desapercibidos.

No me resisto a apuntar la multitud de lugares comunes que Garrido y Abarca consiguen evitar, y que son más que habituales en otras novelas parecidas a esta. En primer lugar, en lugar de presentar investigadores atormentados, de esos que se ven inmersos en el caso de su vida el día mismo de la prejubilación, tenemos al dúo formado por Valentina Negro y Javier Sanjuán, gente que disfruta haciendo su trabajo, y aunque tienen evidentes peculiaridades, son mostrados de forma sencilla y hasta vitalista. Por otro lado, pese a la importancia de la Policía científica en Crímenes exquisitos, podemos ver la novela como una sana reivindicación de los detectives de toda la vida: las pruebas no hablan solas, y deben estar interpretadas por la mente del criminólogo, capaz de establecer causas y efectos, reconstruir la corriente de conciencia del asesino…

Punto y aparte merece la tercera gran particularidad de la novela. Frente a esa tendencia reaccionaria que nos ha acostumbrado a ver a los psicópatas como meros enfermos cuyo comportamiento es incomprensible para el resto de mortales, siguiendo la línea de las mejores novelas góticas, Garrido y Abarca se adentran en el discurso del monstruo, dándole parte del protagonismo, viéndose que la historia también se sostiene desde su punto de vista… Aunque se trate de un punto de vista en el que no queramos detenernos más tiempo del necesario...

Por su mezcolanza de lo viejo y lo nuevo, por su reciclaje de materiales ajenos y su confección completamente asumida y artesanal, Crímenes exquisitos entusiasmará a los lectores más curtidos. Y también enganchará a los nuevos, descubriéndoles el cine de Hitchcock, las novelas victorianas, que se iniciarán en un mundo —el del crimen de ficción— que ya no querrán abandonar jamás.

Off Versátil, 2012
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David G. Panadero
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