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V — LA PRIMERA IMPRESIÓN

El primer párrafo, las primeras líneas y hasta las primeras palabras son la apuesta definitiva, lo que hace que sigamos leyendo una historia o nos lancemos a por cualquier otra novela o libro de relatos. Para empezar bien una historia hay que saber plantear el tema que se tratará pero reservando cierta capacidad para la sorpresa, y además hay que plantear las reglas del juego: estilo, ambiente, atmósfera, tienen que estar definidas casi desde la primera letra.

Margaret Millar lo hace de forma ejemplar en el inicio de la novela UN EXTRAÑO EN MI TUMBA. Se trata de la historia de una mujer que a raíz de un mal sueño, empieza a sospechar que nada es lo que parece en su idílico hogar. La protagonista, Daisy, luchará por descubrir la verdad aún sabiendo que el sacrificio será muy alto. Observad la riqueza de elementos que aparecen en este primer párrafo: el terror llega en una mañana radiante, y las acacias y los pájaros, que en otros tiempos representaron la comodidad, son ahora percibidos de otra manera.

«Los tiempos de terror no comenzaron en mitad de la noche, cuando el silencio y la oscuridad hacen que el terror nos parezca una cosa natural, sino un asoleada y susurrante mañana de la primera semana de febrero. Las acacias, tan florecidas que parecían haber perdido las hojas, se sacudían la niebla nocturna de sus capullos con el mismo gesto que un perro peludo se sacude la lluvia, y los eucaliptos se balanceaban juguetones bajo el peso de centenares de pequeños pájaros grises, no más grandes que su muñeca, y cuyo nombre Daisy ignoraba.»

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