Oigo sirenas en la calle. Adrian McKinty

No quedarse con el ruido ambiente: otras historias que se entretejen dentro de la violencia imperante

¡El torso de un hombre en una maleta!
Uno de los pocos lugares donde puede aparecer el torso de un hombre metido en una maleta, escondido en una fábrica abandonada es el Belfast de 1982. La policía está de lo más entretenida, procurando no ser objetivo de los disparos de armas automáticas, las bombas lapa o los bidones de gasolina ardiendo, que generosamente reciben de la población católica y su brazo armado el IRA, y procurando, realmente con poco éxito, que las distintas facciones militarizadas del Ulster, no conviertan la región en un matadero humano.

De ahí que la investigación dirigida por el inspector Sean Duffy de la comisaría de Carrick no genere especiales entusiasmo. Y más cuando la investigación le lleva por un lado a darse de bruces con la aparentemente normal muerte de un capitán de policía a manos del IRA, y por otro lado a los deambuleos por el país de sus mayores, de un jubilado inspector de hacienda norteamericano desaparecido.



un católico entre protestantes mirado con recelo


Y para dar algo más de color a este extraño suceso, el muerto no lo ha sido por los habituales medios: disparos, armas blancas o explosiones, sino envenenado con el extracto de una rara planta tropical, que no suele darse por los campos de Irlanda del Norte.

La investigación, como ya ocurrió en la entrega anterior, se sale realmente de la sangrienta realidad más inmediata, y lleva a Duffy a tener que medirse con adversarios muy poderosos de ambos lados del Atlántico, y tener que fijar su atención en realidades que pese a la gravedad de los conflictos siguen perviviendo en la sociedad norirlandesa.

Y para que nada falte en este ya estruendoso drama, un tal Galtieri, general genocida y de paso presidente de la República Argentina, decide invadir las islas Malvinas (o islas Falkland, como prefieran) con tropas mal preparadas y peor equipadas, lo que disgusta seriamente a la premier británica, y significa la movilización de tropas de todo el país, incluida la provincia del Ulster.

Segunda entrega de las aventuras (y desventuras), de este singular policía, un católico entre protestantes, mirado con recelo por sus compañeros, y con franca animosidad por sus correligionarios de fe y familia. Y volverá a mostrar sus dotes policiales, en las que es muy importante no quedarte con el ruido ambiente y los acontecimientos obvios, sino escuchar otras historias que se entretejen dentro de la violencia y salvajismo imperante, y que le permitirán ir desvelando las piezas de un crimen muy complejo y que despertará a unas fuerzas que ponen en jaque la vida y la carrera de este esforzado policía.

De igual forma impresiona el retrato de lo que fue la vida cotidiana de la población de Belfast, y en esta entrega en particular, de la vida de los miembros de los diversos cuerpos policiales.

Una apasionante historia detectivesca, empapada de la brutalidad y el cinismo imperante en la época, y quizá con un toque de desolación y amargura, que impregna a los personajes  y situaciones, y que genera un estado de ánimo que, como se afirma en varios momentos de la novela, lleva a la conclusión de que lo único que puede hacerse en Irlanda del Norte … es irse de allí.

Una apasionante novela.

Alianza, 2014


José María Sánchez Pardo
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