La vuelta de tuerca de Eugenio Fuentes

La novela negra conseguirá que nos interroguemos sobre nuestros ángeles y demonios

El concepto amplio de novela negra
Que en un ensayo sobre novela negra aparezca citado dos veces José Jiménez Lozano convierte este ensayo en algo excepcional y, para esta testigo de cargo y quizá algo cargante, en algo valioso y, ya de entrada, estimado. José Jiménez Lozano es el más ignorado, oculto y desconocido Premio Cervantes, hecho en el que se suman la voluntad de anonimato del escritor con la actitud de algunos críticos a la pâge, tolerantes de salón, que han decidido ningunear la extraordinaria calidad literaria y el elevado contenido humanista, ético de sus escritos.

En fin, que Eugenio Fuentes en su Literatura del dolor, poética de la bondad nombra un par de veces a Jiménez Lozano. Y es que lo más frívolo que se puede decir de este ensayo es que carece de complejos.

Fuentes nombra a Jiménez Lozano en una lista de autores de novela que han hecho alguna incursión en el género negro, utilizando este término en su sentido más laxo. Suponemos que, en el caso de Jiménez Lozano, se refiere a Agua de noria, una novela de 2008 que se estructura en torno a un crimen y su investigación, pero que de lo que trata en realidad es del abuso de poder y de las víctimas que éste genera. Nada nuevo entre habituales o incondicionales de Jiménez Lozano, entre los que me incluyo, por si no había quedado claro. Como dice el propio escritor en una entrevista en El Norte de Castilla de 24 de junio de 2008 «la historia es de víctimas y las víctimas son las de siempre». Para mí ahí va la primera persona que para eso soy testigo de cargo y con mi testimonio hago lo que quiero este tema de las víctimas del poder es uno de los más interesantes del escritor castellano, y el que me ha llevado a profundizar un poco y con flotador en su obra. Y, por supuesto, también en la novela negra como género.


Eugenio Fuentes apuesta por un planteamiento sin complejos


De hecho la consideración de la historia y de la historia de la literatura por parte de Jiménez Lozano como una historia passionis, es lo que me indujo a leer (espero que no sea necesario subrayar la admiración y el aprecio por la obra de Eugenio Fuentes) el ensayo o conjunto de ensayos que antes he mencionado del escritor extremeño.

Debo decir que las dos primeras partes dedicadas al tema que da título a la obra, me parecieron un poco rápidos, el tema del dolor, desde el punto de vista de quien lo padece sin causa previa, es decir, la víctima, me pareció tratado un poco por encima, liquidado sin demasiadas contemplaciones y de manera expeditiva, por lo menos para esta testigo que ha leído un montoncico sobre el tema de las víctimas de la historia y del poder, empezando por René Girard o Walter Benjamin, de manera que mi opinión esté un poco sesgada. Ahí queda eso.

Pero el libro de Fuentes guardaba sorpresas extraordinarias.



El ensayo de Fuentes me empezó a entusiasmar a partir del tercer capítulo en el que se aproxima al tema de los géneros literarios y, concretamente, de la novela negra. Sin pararse en la ya un poco cansina discusión de qué es novela negra y qué no y en cuántos subgéneros puede dividirse, se centra en su análisis. Siempre considerado en su sentido más amplio, como he dicho antes y como queda patente en el listado de autores que Fuentes adscribe al género, como Luis Mateo Díez, Muñoz Molina... Este concepto amplio de la novela negra puede estar más o menos sujeto a discusión, pero tiene la gran ventaja de suponer un acercamiento al género sin ningún tipo de prejuicio y con el único criterio de distinguir entre buena y mala novela. Supongo que Harold Bloom nos estaría fulminando con algún rayo flamígero de esos de fulminar en un santiamén, de sacudir a los que discuten la posesión de la verdad. Por todo esto, el título de este texto. La vuelta de tuerca que realiza Fuentes radica precisamente en este planteamiento sin complejos.


el éxito ha ido muchas veces en contra del propio género


El libro de Fuentes crece vigorosamente cuando comienza a ocuparse específicamente de la novela negra. La define coherentemente y, desde luego, con gran originalidad desde el punto de vista elegido, como «... género híbrido, hijo de la novela realista del siglo XIX, que surge cuando a una historia propia de lo que antes he llamado literatura del dolor se le da una nueva vuelta de tuerca para complicarla con dos ingredientes característicos: el enigma y el daño». La novela negra, según Eugenio Fuentes, pretende preguntarse por este daño causado, sus motivos, autores y circunstancias. Y, creo yo, plantearse esas cuestiones es armar una reflexión moral o social sobre el individuo y el entorno en el que vive. Y, repito, resulta muy llamativo que aborde sin ningún tipo de complejo de inferioridad de género literario los temas teóricos sobe los que giran los estudios sobre novela negra. Es consciente de que el propio género, en muchas ocasiones, ha simplificado o banalizado sus propios temas y esquemas formales, por «miedo, rutina [o falta de] ambición». La novela negra para alcanzar su plenitud debe olvidarse del mercado el éxito en el mismo ya ha ido muchas veces en contra del propio género, y «por el contrario, a lo que debe atender es a la luz de la plaza».

Fuentes no duda en citar a Shakespeare para enriquecer e ilustrar su discurso. Defiende la novela negra como un género no banal, puesto que el crimen nunca es banal, pero sin que ello implique pura especulación teórica. La novela negra debe estar y está anclada fuertemente a la realidad. Sus preguntas sobre la muerte se refieren a una muerte concreta y sus circunstancias concretas, quién, cómo, por qué.

Eugenio Fuentes no sólo cita grandes nombre literarios, con la misma soltura se mueve por el ámbito de la alta cultura. Y así ha de ser. Porque poner el género en su sitio no quiere decir que deban perderse de vista los déficits, los caminos fáciles, las debilidades del género al que la popularidad ha llevado a veces por terrenos demasiado trillados.

Señala el autor tres deficiencias fundamentales en la novela negra: la falta de interés por la belleza formal y el estilo, la tendencia a crear personajes estereotipados, y la observación estricta de los códigos del género cercenando la creatividad del autor. Evidentemente, si subsanamos estas tres deficiencias nos encontramos con el concepto “amplio” de novela negra que es justamente lo que defiende el autor, y esto le permite citar como autores de género negro a Jiménez Lozano, a los que ya hemos citado más arriba y muchos otros.

Para terminar (de momento, pues el ensayo da para mucho más; no hay que perder de vista, por ejemplo, sus reflexiones sobre el género negro del siglo XXI) con esta lectura somera del estudio de Eugenio Fuentes, no puedo resistirme a citarle, de nuevo, literalmente

«La novela negra subirá el escalón de la trascendencia cuando, sin renunciar a sus códigos básicos, consiga que el lector, conmovido, se interrogue a sí mismo sobre sus ángeles y sus demonios»

Lectura recomendada:
Literatura del dolor, poética de la bondad
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Ángeles Salgado
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