Juego de espejos. Andrea Camilleri

Todo un justiciero clásico: nada humano le es ajeno, y posa una mirada benévola sobre la sociedad

Dirigido por fuerzas desconocidas
Entender las motivaciones que hay tras la explosión de una bomba ante la puerta de un garaje en Vigata, la imaginaria ciudad siciliana donde transcurren las aventuras de Montalbano, es el leit motiv de uno de los casos más extraños que ha de desentrañar este impetuoso, inteligente y bravo comisario de la policía italiana. Todo el caso y los diversos pormenores que lo rodean, resultan un laberinto en el que no está nunca nada claro, pues resulta muy difícil determinar cuál es la dirección adecuada de la investigación, y más cuando el comisario Montalbano tiene la sensación de estar siendo teledirigido por fuerzas desconocidas, que le van proponiendo pistas y líneas de investigación, que más que dar luz, ensombrecen.

Y para que nada falte, una atractiva y sugerente mujer aparece como vecina, e inicia una relación con el comisario, en la que la sensación de estar manipulado por algún tercero le resulta obsesionante desde el primer momento al gran policía.


sin perder el buen humor, el gusto por la acción


Nueva entrega de la más exitosa serie policíaca de los últimos años, en las que vuelve ese enorme personaje, el comisario Montalbano, que presenta múltiples facetas, desde las más sesudas e introspectivas, con una intuición y sagacidad deslumbrantes, a un personaje que puede resultar desaforadamente esperpéntico y que puede comportarse como un payaso o un patán…. Pero que en medio de toda esta parafernalia, resulta todo un justiciero de la vieja escuela: nada de lo humano le es indiferente, y posa una mirada lúcida y benévola sobre la sociedad, especialmente la italiana, sin dejar de lado un espíritu crítico, imprescindible en un momento tan necio y canalla de las sociedades occidentales.

Y para que podamos seguir sus aventuras e investigaciones, se hace acompañar de sus subordinados y amigos, y de los de su gremio que no quiere, o que al menos no logra encajar con ellos, memorables son los retratos del salido del fiscal Tommaseo, o del siempre ácido y gruñón del forense Pasquano, pero siempre con ese toque de gracia, aunque sea venenosa, y con el gesto vivaz que hemos visto al actor que representa en la pequeña pantalla el personaje del comisario, el gran Luca Zingaretti.

El autor, a través de las vicisitudes de su personaje, nos va mostrando las situaciones en sus diversos niveles, desde el propio de la investigación del hecho criminal, a la crítica de la situación de la sociedad italiana y de sus ineptos gestores, e incluso realizando divagaciones de más altura que lo acercan a los grandes temas de la tragedia griega, pero eso sí, sin perder el buen humor, el gusto por la acción y una desbordante vitalidad, ejemplificada en su gusto por la comida rica, sencilla y abundante.

En resultas, una muy ágil novela policíaca, llena de vitalidad y humor, pero en la que no falta, la mirada reflexiva e irónica de su autor, ese casi nonagenario que vuelve a darnos una lección de cómo hacer grande eso que se hace llamar Literatura.

Salamandra, 2014

José María Sánchez Pardo






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