Entrevista con Alfonso Mateo-Sagasta

En 2004 nos llevamos la sorpresa de que se podía hacer un thriller de intriga buscando al autor del Quijote de Avellaneda. Poco después, se nos propuso toda una novela enigma en la misma época, teniendo como escenario el gabinete de maravillas de un marqués coleccionista. Y en estos días ha salido a la luz la tercera entrega del porfiado Isidoro Montemayor, protagonista también de los dos primeros libros mencionados, en un thriller de aventuras e intriga, que tiene por escenario las dobles bodas reales del año 1615. El autor de libros tan apasionantes es Alfonso Mateo-Sagasta, un aprendiz de brujo que ha mezclado en su marmita historia, intriga y aventuras, y que ha sacado de ella un libro apasionante, del que nos ha contado de su gestación y de sus entretelas, mostrando la pasión, conocimientos y diversión precisos para llevar adelante tan ardua labor.



Texto: José María Sánchez Pardo
Fotos: Ignacio Sánchez González 



¿Quién es Alfonso Mateo-Sagasta?

Soy madrileño. Estudié Historia antigua y medieval en la Universidad Autónoma de Madrid. Me dediqué dos años a la Arqueología medieval. Luego abrí una librería especializada en Arqueología y Antropología; estuvimos como once años, lo que no está mal… Después estuve dos años haciendo de carpintero, pues tras cerrar la librería, me planteé qué sabíamos hacer, y como habíamos hecho las estanterías de la librería… Mi socio opositó a profesor de instituto, y ahora está dando clases de Filosofía, y yo me puse a escribir. Empecé tarde, casi a los cuarenta años.

¿Cómo es que te haces escritor?

Cuando estábamos en la librería teníamos la ilusión de mantenernos al día con los textos, y dado lo que te quitaba la gestión de la compra de libros, fui creando una narración de las cosas que iba aprendiendo. Así, surgió El olor de las especias, que fue gestándose ya en la época de la librería. Era una disciplina para mantenerme al día con esa planificación. Nos íbamos alejando del mundo académico, en el cual, o estás dentro, o estás fuera. Y yo me lo pasaba muy bien con lo que hacíamos. Cuando cerramos la librería, ya tenía el esqueleto de la novela, y fue un reto para ver si era capaz de contar la historia, y eso me decidió a ser escritor.

¿Qué te significó el salto del ensayo a la ficción?

Una liberación, pues ya no tenía que justificar todo; es un paso definitivo, y sin marcha atrás… Sobre todo, cuando empiezas a estudiar Teoría y Filosofía de la Historia, te das cuenta que la Historia es una gran ficción, donde se establecen una serie de convenciones, resultando una gran convención social. Me sentí muy liberado, y además me lo pasaba muy bien, y sigo pasándomelo muy bien escribiendo. 

¿Tu novela es una novela histórica, un thriller, una novela de espionaje…?

Mis novelas son totalmente mestizas. Me gusta la novela histórica, me gusta la Historia, me gusta especular con la Historia, me gusta hacer historias, la Historia se crea hacia el futuro, la Historia es en función de lo que queremos ser, y de ahí, construimos el pasado. El pasado tiene que ser una narración coherente.

Y las técnicas de escribir, las técnicas de narrar...

Me gusta que en la novela haya un misterio que resolver, que no tiene por qué ser un crimen, algo que le ayudará a descubrir algo al lector. Es muy bueno que haya un misterio dentro de una novela histórica, que no deja de ser una narración fantástica…

En cuanto si es un thriller,…. Es que para mí lo que identifica al thriller es que es una novela policíaca en la que está involucrado el protagonista.

Lo importante es que haya una coherencia en el relato, pues una novela histórica no deja de ser una gran ficción, cercana a la fantasía e incluso a la ciencia-ficción, lo único que necesitas es tener bien establecidas las referencias en que te mueves. Yo hago literatura de género, tomo de cada uno lo que me interesa, y lo mezclo todo.

¿Por qué eliges esa época concreta?

Cuando acabé El olor de las especias yo ya pretendía dedicarme a escribir, y eso que no he vuelto a escribir nada de ambiente medieval. Sabía que tenía grandes lagunas en mi formación, y me puse a leer a otros escritores, y ver cómo habían escrito sus obras. Y en esto me encontré con El Quijote… yo tenía un mal recuerdo del mismo, lo había leído en el bachillerato, lo recordaba pesado, de difícil lectura, en general no me había gustado, pues lo que me gustaba era Salgari, o novelas como Beau Geste. Y de ahí al Quijote había un salto abismal. Se supone que es una obra maestra y un libro fundacional… 

Y entonces lo volví a leer, con otra perspectiva. Para mí fue un descubrimiento deslumbrante, no sólo el libro, sino todo lo que arrastra, pues está lleno de callejones, de escondites, y todo eso me llevó a una lectura, que al ser más reposada, me permitió ver las referencias y alusiones a otros autores, como Lope de Vega, y otros escritores contemporáneos. Fue como un curso personal.

Para mí la lectura del Quijote fue como un gran curso de Literatura, y me enseñó cómo la Literatura está imbricada con la realidad, y, sobre todo, me enseñó las fuerzas motivadoras de la creación, y de que en resultas, escribimos, sobre todo de nosotros mismos.

¿El Siglo de Oro... realmente fue tan de oro?

En realidad el siglo de oro son dos siglos, desde principios del siglo XVI a finales del XVII. Desde el descubrimiento de América a la muerte de Calderón de la Barca. En ese siglo pasa de todo, hay Renacimiento, hay Barroco… En realidad hablar de siglo de oro no es útil, porque abarca demasiadas cosas, y demasiado distintas, en donde hubo grandes cambios sociales e intelectuales. Yo me centro en dos años, 1614 y 1615 del verano de 1614 a Noviembre de 1615. Es pleno siglo de oro, y están todos los grandes cerebros de la época. 


la Literatura prima sobre la Historia


Al escribir una novela histórica… ¿Cómo hacer que no sea una tesis doctoral con diálogos? ¿Cuánto material tuviste que descartar?

Lo fundamental para mí es que prime la literatura sobre la historia. Ahí si intento tener mucho cuidado, y mira que es doloroso, pero prescindo de mucho material con objeto de no recargar la novela.

Más allá de la gran historia oficial, tus novelas están llenas de historia cotidiana de la época. Por ejemplo, una representación de una obrita de Shakespeare, basada en pasajes de El Quijote 

Lo que hago es leer mucha crónica de la época, leyendo a sus autores uno va descubriendo muchos hábitos, costumbres y hechos de la vida de la gente de esos tiempos.

En cuanto a la representación del Cardenio de Shakespeare, ten en cuenta que estaba trabajando sobre un momento muy determinado de la Literatura, es el momento en que Cervantes está a punto de sacar la segunda parte de El Quijote, cuando Shelton ha publicado en 1612 el Quijote (pero ya lo había traducido desde 1607), y tengo noticia del Cardenio, una obrita en la que se usa pasajes del Quijote, y cuyos manuscritos desaparecieron en 1613 en el incendio del Globe, el teatro donde trabajaba Shakespeare, y tenemos noticia de que hubo al menos dos representaciones.

Y al descubrirlo me pregunté cómo era posible que no tuviéramos noticia de este hecho, y lo introduje en mi novela, pero como no hay ningún original de la comedia, tuve que inventarme la situación, de ahí que en mi novela hay un actor vestido como don Quijote, pero no sube al escenario, pues no sabemos si don Quijote era un personaje de la comedia...

No sé si tenía que ver con otras adaptaciones de la historia del Cardenio que se habían hecho, pero me pareció muy bonito darle vida de nuevo a esta obra, y encima en la universidad de Oñate, que es un sitio precioso, y como un regalo de la corte inglesa a Ana de Austria, donde, cómo no, el duque de Buckingham tenía que aparecer.

¿Cómo se te ocurre el personaje de Isidoro Montemayor?

Nace como un tipo versátil, un tipo que lucha por ser hidalgo, cuya única fuente de ingresos es trabajar para Robles, en su garito y en su imprenta, y además hace gacetas, y así Montemayor es una especie de periodista de la época, para una serie de personajes encumbrados, para los que escribe avisos, con las noticias de la Corte, como los de Jerónimo de Barrionuevo.

Esas gacetas fueron fundamentales en Ladrones de tinta, pues me permitía moverle por muchos lugares, y contar muchos hechos, que en buena parte provienen de los mentideros de la Corte, y para dar pie a una serie de explicaciones, como ocurre en Ladrones de tinta, en la que, por ejemplo, debo hablar del duque de Osuna, cuyo secretario era Quevedo, y para poder hablar de ese personaje la redacción de las gacetas me era muy útil, para evitar digresiones y poder encontrar un equilibrio entre información y la transmisión oral...

¿Por qué le pusiste ese nombre a tu personaje?

Montemayor salió solo... y lo de Isidoro será porque es el nombre de mi socio en la librería...

Montemayor, ¿es un hombre de acción o un vencido? En tu libro dices de él: “me llegó al alma. Recordé el friso de la ventana del palacio de Burgos y me pregunté por qué me identificaría siempre con el vencido”, pero también afirma el protagonista: “arrepiento a diario de no haberlo hecho, y es que no hay pecado más grave que el de omisión”.

Montemayor no es un vencido, en esa escena de la novela está especialmente deprimido por su situación, pues se ve abrumado por la soledad. En Burgos hay un friso en el que cuatro caballeros acosan a un tipo; y de igual forma en Oñate, en un retablo hay un ángel que atraviesa con una lanza a un demonio, y Montemayor se queda mirando los ojos del demonio, pero esos dos momentos son dos encuentros complicados con Micaela, la condesa de Cameros, en los que se siente incapaz, bloqueado ante ella... Pero, a pesar de estos dos momentos, Isidoro es todo un hombre de acción.


me interesa mucho el mundo de la enfermedad


¿Cómo se te ocurre el personaje de Micaela, la condesa de Cameros?

Es un personaje estupendo. Es necesaria para Isidoro; en novela negra tiene que haber una pareja... El protagonista necesita alguien con quien opinar, intercambiar ideas... hablar de las cosas del mundo. Micaela es el perfecto reflejo para esto, ten en cuenta que Isidoro habla siempre en primera persona, y Micaela da otra perspectiva de las cosas y las situaciones.

¿Cómo se logra la mezcla de personajes históricos y ficticios y algún guiño literario?

Gracias a la libertad completa. Es que hasta los personajes reales son ficticios. Yo no pongo la mano en el fuego de que ellos eran así, aunque tengan nombre reales y tengamos noticia de su existencia real. En ningún momento me planteo que la duquesa del Infantado hablara así. Yo lo que hago es que reflejo en ellos un tipo determinado de personaje, pero no dejan de ser mis creaciones, tanto los reales como los inventados y la reelaboración de personajes ficticios de otros escritores; porque a mí me divierten especialmente las creaciones de otros autores como si fueran fuentes históricas, por ejemplo Gil Blas de Santillana, que es un personaje de una novela española fantástica. Yo lo uso en mi novela; es el mismo Gil Blas, pero en unas aventuras que en su libro debió olvidar...

En tus novelas aparecen personajes especialmente repulsivos como Juan Guzmán el que mata a su bebé...

Parece que en la novela histórica el pasado es muy bonito. Es atractivo y seductor. Pues no, era un infierno. Por ejemplo a mí me interesa mucho el mundo de la enfermedad. Ahora no se ve la enfermedad por la calle, pero en esa época se convivía mucho más con la enfermedad. Todo el mundo tiene sus diversas patologías y conviven con ellas, y tiran para adelante... 

La vida y la muerte estaban muy relacionadas. Así lo normal era que a una mujer se le murieran muchos hijos, estar deforme, tener chepa, joroba, bubas…A mí me gusta eso, me gusta que aparezca en mi novela, para que sientas que el mundo realmente ha cambiado. Eso para mí sí es una novela histórica.

No me interesa la definición exacta de lo que pasó, que es imposible lograrlo; me interesa transmitir esa sensación, ese otro ritmo de vida, la relación del día con la noche, es lo que pretendo con mis novelas.

En tus novelas aparecen tremendas mujeres: la condesa las trabajadoras de la salmuera, las nobles…

La novela es un recorrido por Álava y Guipúzcoa, y en las crónicas de la época me encontré que por ejemplo en las salinas las que trabajaban eran mujeres... o las barqueras del puerto de Pasajes. Todo eso resulta chocante, pero proviene de los testimonios de la época.


demasiados detalles matan el relato


En esta novela haces referencia a datos muy precisos de la cotidianeidad de la época, y haces detalladas descripciones de algunos personajes...

Me gusta mucho hacer una imagen de lo que narro. Tú puedes decir que en la boda real la gente iba vestida muy ricamente, pero si realmente quieres transmitir las cosas debes describir las ropas, las joyas con que se adornaban y que iban prendidas en la ropa. Me parece muy importante hablar de ellos, y además están en las crónicas de la época. Yo he elegido cuatro momentos de lo que se cuenta en las crónicas de aquellos hechos, pues ten en cuenta que ese despliegue es una muestra de poder. Lo mismo ocurre con los jaeces de los caballos pues hay listas detalladas de todo lo que llevaban encima estos.... 

Todo esto viene en las crónicas por lo que no quiero ser abusivo, tengo que seleccionar, elijo a algún personaje o describo un caballo, pues la sobrecarga de información mata el relato...

Sobre todo en esta novela la recreación geográfica es muy verosímil...

Por supuesto que me he hecho el viaje, y lo más bonito es que las cosas se han mantenido muy parecidas a aquella época. Por ejemplo, en la novela aparece una misa en Bribiesca, a la que acude la corte, y el retablo que yo describo sigue ahí. Es espectacular. Justo enfrente está la ventanita desde donde oyeron la misa el rey y su hija. Aunque sobre Burgos la mayoría me lo he inventado, y me lo he inventado basándome en los palacios que ahora hay en Burgos... Salinas de Léniz es un pueblo fantástico... Oñate es impresionante, y aún se puede visitar la iglesia donde duerme Isidoro, con el claustro sobre el río Yo llevaba las crónicas en la cabeza, los relatos del viaje, las negociaciones con la Corte francesa, y fue fantástico poder ir encontrándolo todo... La ruta no iba por Bilbao como ahora, sino por Mondragón, Oñate y Tolosa, que era la capital de Guipúzcoa en aquella época 

Esta novela es pura novela social o negra, ya que no dudas en presentar la dureza de la vida en esa época…

Es una novela negra por la terrible descripción del mundo y sus gentes. Crear ese mundo con su dureza es hacer una novela histórica... para hacerla creíble hay que mostrar cómo se vivía en aquella época que era un infierno 

También muestras una sociedad sin más ley que la del dinero y la religión.

En aquella época la religión lo condicionaba todo. Yo hablo de amor y de dinero y de las diversas formas de conseguirlo. La religión condiciona negativamente y, además, cuando toma la forma de la razón de Estado es terrible, pues a pesar de la destrucción de su reino, la defensa de la fe es tan importante que el rey es alentado a seguir entrando en guerras continuas pese a la situación del pueblo. La misión de Carlos I y los tres Felipes fue la guerra por la fe, aunque ello implicara la pérdida de sus dominios y la muerte y la miseria de sus súbditos.

Un aspecto que impresiona en tu narración es que los poderosos campan por sus respetos…

Ten en cuenta que había varias justicias. La ley no era igual para todos. El hecho de que se pudiera pagar o comprar voluntades por acciones delictivas... era habitual. ¿Cómo se puede tasar la vida de alguien?

En tus novelas aparece la crueldad en actos cotidianos, muy en la línea de la picaresca. 

En mi novela hay mucha crueldad. Hay mucha crueldad pues era lo habitual en aquella sociedad y aquellas gentes. Por eso considero una novela social y negra lo que cuento, pues eran las prácticas de la época. Y además, pretendo no ser moralista. Por ejemplo, en el Guzmán de Alfarache hay siempre una moralina final... Isidoro no. Se mete en todo tipo de conflictos, pero él no pretende enseñar a nadie, simplemente quiere sobrevivir... sale adelante como puede y ahí acaba la historia.

¿Las prácticas editoriales han cambiado mucho en cuatrocientos años? 

(Carcajada) Se siguen pareciendo. Hay un viejo pleito entre autores y escritores, se ven los mismos juegos: el editor que edita más libros de los que le dice al autor, el escritor que vende varias veces su libro... Esos trapicheos, esa falta de confianza, no ha cambiado mucho...

En esta novela tu protagonista afirma que los escritores son: “Falsos, esquivos, mentirosos… mezquinos, zafios, corrompidos, lenguaraces, calumniadores…” ¿Tu opinión de tus hermanos escritores se asemeja a la de tu protagonista?

(Más carcajadas) ¡No! No es más que una broma…


el teatro era el único entretenimiento popular


¿Cuál es el peso del teatro en tus obras?

En mis libros lo teatral está en la estructura de la novela... porque me gusta y porque me sirve para narrar. En Ladrones de tinta sale mucho, pues hay que pensar que el teatro era el único gran entretenimiento popular.

¿El teatro era el único lugar donde a un poderoso se le podía condenar?

Sí, era así, y sólo eso justifica su existencia...

Parece que tienes una cierta querencia por las resoluciones un tanto teatrales de tus libros, especialmente el primero de la serie.

Mis novelas tienen mucho de teatro porque tienen mucho diálogo. Mi idea es hacer actuar a los personajes y que el lector saque sus conclusiones. Yo no digo que un personaje es un sinvergüenza, sino que monto una escena en la que se ve cómo estafa a una anciana. Doy muchas vueltas a esto, a la escenificación de la personalidad de los personajes. Intento además que el lector participe en el desentrañamiento del libro, no doy nada hecho. Físicamente sí describo a un personaje: cómo es, cómo va vestido, cómo se mueve, pero lo que es, intento que salga por sus diálogos. Y eso es muy teatral; monto muchas escenas con muchos diálogos.

¿Cuál es tú siguiente proyecto?

Todavía no está definido, pero he cambiado mi plan inicial de hacer cuatro novelas con Montemayor, ya que quería hacer una novela en América, e Isidoro no me sirve para ello.

Hace unos años publicaste una novela que transcurría en el México de la Conquista…

Me encanta México, me parece un país impresionante. Su relación con España y su propia historia me parecen unos temas apasionantes. 

Ahora he cambiado la idea que tenía con Montemayor. Me apetece hacer una novela americana, pero América hay que contarla con muchas voces e Isidoro me limita, me recorta mucho pues tendría que escribirla en primera persona.

En esta novela ya he tenido que quitar muchas cosas pues no podía contarlas en primera persona, y eso es un problema grave. Para la novela que quiero escribir necesito muchas voces. Seguramente transcurrirá en el siglo XVI, no en el XVII, e Isidoro no me sirve para ese proyecto, que es a largo plazo.

Además, creo que la historia de Montemayor acaba muy bien como acaba...

Tras tanta documentación e indagación, ¿qué personaje te ha atraído más y cuál te ha generado más repulsión?

El que más me ha gustado es Juan de Tasis, el conde de Villamediana. En mis novelas siempre tiene una aparición marginal. Está presente pero con un papel poco importante. Aunque no puedo dejar de sacarle porque me gusta mucho.

...y en el polo opuesto, quizá Rodrigo Calderón. Me parece un personaje increíble, a lo largo de su vida, siempre lleno de matices: ladrón, abusador, miserable... y al mismo tiempo es puro retrato de la época. Con él puedes hacer el personaje que quieras, es casi shakesperiano




Entrevista celebrada en Madrid el 28 de Mayo de 2014
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