Un mundo mejor

Si caldeas mi alma, te seguiré siempre, querido flautista

Sentir y ver entre las palabras
Al gran G. Panadero le digo muchas veces que debo haber envejecido como lector porque cada vez entiendo menos lo que me cuentan, si es que intentan contarme algo, porque ni siento, veo o percibo entre tanta palabra. Por eso cada vez leo menos. 

Hace tiempo que perdí la paciencia para tragarme libros enteros si no me alimentaban durante el trayecto. Tengo una pilastra de ellos esperando su turno y la vida es eternamente breve como para derrocharla en espacios vacíos

Creo que soy un lector bastante agradecido: dame gentes, un mínimo de trama, dos toques de ambientador y te seguiré hasta la contraportada. Supongo que a la mayoría nos pasa. Y sin embargo, desde el teclado a veces uno se obceca en cierto oscurantismo narrativo. Puede que haya preponderancia reflexiva o malabarismo morfológico para ocultar un absurdo sentimiento de pudor. No lo sé. 

A veces me gusta un tipo de cine que no cuenta historias. Quizá los recursos audiovisuales puedan ir más allá de lo narrativo y ser plenamente efectivos. También es posible que me haya ocurrido alguna vez con la literatura. Y, de seguro, me volverá a ocurrir, pero se necesita de tal magia para seducir sin el parapeto argumental, que debe provenir de un genio de la condición humana

En fin, que me hago mayor. Mi mente fija menos. El gruyere cerebral apenas me permite recordar lo que leí el día anterior. Solo hay una excepción: la emoción. Si caldeas mi alma, te seguiré siempre, querido flautista. Porque a pesar de los años y del conocimiento de las estrategias, sigo siendo un simple niño. O quizá un minúsculo ratón. 

Me ha encantado Un mundo peor. Y ya está. Saquen conclusiones.

Un mundo peor
Off Versátil, 2014

Fernando Cámara
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