Yonqui. Paco Gómez Escribano

Desde la evocación nostálgica, Paco Gómez Escribano recuerda el Madrid de los delincuentes juveniles

En la mala orilla del río
Si le dan a elegir entre la realidad y el mito, seguro que Paco Gómez Escribano elige sin dudarlo el mito. Por eso cuando escribe Yonqui, su homenaje al barrio de Canillejas durante los primeros años de la democracia, su barrio, elige la aventura adolescente y hace que el peso de la función caiga íntegramente sobre el Botas, un macarra de buen corazón, delincuente juvenil nacido, como tantos otros, en la mala orilla del río, pero que no dudará en demostrar su inteligencia, carisma y talento.

La novela transcurre aproximadamente entre 1978 y 1984. Durante aquellos años Hollywood nos trajo montones de "aventuras adolescentes" (de Superman a En busca del arca perdida). Pero en España nos encontramos con el cine de Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma, para muchos "el verdadero cine de aventuras", con películas como Perros callejeros (1977), Navajeros (1980) o El pico (1983), que transcurrían en nuestros suburbios y, desde una postura "erótico-izquierdista", ensalzaban al joven rebelde.



un recuerdo para los de Canillejas


Sin duda, Gómez Escribano suscribe esos planteamientos y consigue que sigamos las andanzas del Botas con toda complicidad; su fuerte es el tono y la ambientación, y lo consigue en dos pinceladas: las calles sin asfaltar del barrio, la pobreza, una juventud cabreada que, intentando esquivar el destino de sus padres, prefiere el éxito fácil de la delincuencia...

Con todo, por momentos la novela se dispersa en el relato de distintas anécdotas y puntualmente se precipita al querer condensar multitud de historias. En este sentido, la extensión de la novela resulta algo aleatoria y da la impresión de que Yonqui bien podría tener 50 páginas menos o 30 páginas más.

En definitiva, Paco Gómez Escribano da su visión personal de aquellos años más desde la evocación nostálgica o el recuerdo mitómano que desde la reconstrucción histórica o sociológica. El autor ha tenido muy presente las personalidades y acontecimientos clave que han trascendido de la cultura popular del Madrid de entonces, y ha querido pasar revista a todos ellos para completar su retrato de esa época: directores de cine que se dejan caer por el barrio en busca de talentos inexpertos, contactos con los Burning y más adelante el Rockola, apariciones fugaces de Ana Curra, Eduardo Benavente y Antonio Vega... La novela interesará sobre todo a la gente de Madrid, y a los que, como decíamos, con buenas dosis de mitomanía y nostalgia, estén interesados en lo que pasaba de noche durante aquellos años.

Erein, 2014

David G. Panadero



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