Entrevista con Claudio Cerdán

Ocho asaltos: David G. Panadero, director de Off Versátil, entrevista a Claudio Cerdán, autor de Un mundo peor

En la cabeza de un hombre destrozado
—Lo primero, Claudio, sorpréndenos: ¿qué novedades presenta Un mundo peor dentro de tu trayectoria?

Es una novela especial para mí. Se trata de una obra más reflexiva y pausada que las anteriores. Los lectores destacaban que mis libros tenían una alta carga violenta. Cuando decidí escribir Un mundo peor me propuse como reto rebajar el tono, alejarme de los temas que eran más cómodos y entrar en la cabeza de un hombre destrozado.

—Tus anteriores novelas negras, El país de los ciegos y Cien años de perdón, ya plantean tu gusto por contarlo todo en primera persona. ¿Te imaginas una futura novela tuya que no esté escrita así?

Mis primeras novelas fantásticas ya jugaban en tercera persona, y todo lo que he escrito tras Un mundo peor también. En esta trilogía alicantina sí que me sentía más cómodo en una primera persona potente y no dudo volver a ella en el futuro.


«la lucha contra el destino, la huida, la redención, las segundas oportunidades, las relaciones familiares…»


Foto: Ana Portnoy
—Cuando se habla de tus influencias, se menciona mucho a Jim Thompson y todos aquellos escritores “duros”, pero en Un mundo peor pareces abrirte a nuevas influencias...

Mis influencias son muy diversas. Poca gente imaginará que una de mis novelas favoritas es El mago de Oz. En Un mundo peor quería dejar de lado esa dureza de la que hablas y crear un detective, figura clásica de la novela negra. Para ello tuve muy en mente a otro escritor que me fascina: Ross MacDonald.

—Decía Rodolfo Martínez que él no es lector de género sino lector de géneros. Tú debutaste con novelas de fantasía heroica (El Dios de los Mutilados y Cicatrices) y ahora llevas unos años dándole a la novela negra. ¿Piensas que si te gusta un género determinado, es más fácil que te gusten los demás?

Sinceramente, creo que son las historias las que te llaman. También tengo una novela juvenil y otra de terror en el horizonte. Mi género favorito es el primo hermano de la novela negra: el western. Creo que en cada obra que escribo está presente de una forma u otra. Mis novelas fantásticas no dejaban de ser westerns, con la salvedad de que cuando el renegado bajaba del caballo, en lugar de un revólver desenfundaba una espada.

¿Recordáis el plan de los rusos?
—Si algo tienen en común tus protagonistas es su lucha contra un destino marcado, estén del lado que estén, sean policías corruptos o delincuentes honrados… ¿Cuál sería el punto de partida de cada una de las historias?

Con el tiempo y las novelas escritas observo ciertos patrones como el que hablas: la lucha contra el destino, la huida, la redención, las segundas oportunidades, las relaciones familiares… Aparte de tratar de resolver un misterio, quiero que el viaje cambie al personaje, que tenga múltiples frentes abiertos, que pueda perder mucho más de lo que vaya a ganar.

—Los protagonistas de infinidad de novelas negras son los de la placa reluciente, pero tampoco faltan novelas centradas en el ambiente delictivo. Tus novelas se sitúan en esa zona de penumbra donde “todo vale”... De cualquier manera, ¿qué tipo de personajes te gustan más, los héroes o los pícaros?

Me gusta la épica. Eso lo pueden hacer los héroes, pero queda mejor si lo hace alguien imperfecto, cometiendo errores, con taras físicas y mentales. Me viene a la cabeza la noticia de un tipo que entro a robar en una casa y se encontró con fotos pedófilas. El chorizo llamó a la Policía y les dejó las pruebas debajo de un coche. Ese tipo de personajes, con esos códigos de honor y principios personales que les llevan a realizar contradicciones semejantes son mis preferidos.


«de tener hijos, no sé si habría sido capaz de escribir algo así»


—Hablando de su novela Prótesis, Andreu Martín comenta que para ofender y herir sensibilidades, la literatura tiene que ir mucho más lejos que el cine porque es demasiado fácil alejar la vista del papel y desconectar. Cuéntanos, ¿qué es lo más hiriente que has escrito? Aunque todo eso es muy relativo; en todo caso, ¿cuál es ese detalle que escribiste y no se te olvida?

En las novelas más duras, con tipos de hierro que pueden con todo, te encuentras con un problema: ¿cómo darle miedo a un personaje así? Por supuesto, la respuesta suele ser contundente y a menudo terrorífica. Me han llegado comentarios de la aparición de Magallanes en El país de los ciegos o del plan de los rusos en Cien años de perdón. Son dos escenas muy impactantes. De todas formas, que un policía dedicado a encontrar personas pierda a su hijo en un parque, como sucede en las primeras páginas de Un mundo peor no es nada agradable. De tener hijos, no sé si habría sido capaz de escribir algo así.

—Hablando de cine, que sabemos que te va, ¿qué te parecen directores como Abel Ferrara o Paul Schrader? Ellos, al igual que tú, han tocado en repetidas ocasiones el tema de las segundas oportunidades, la autodefensa...


Está claro que cada creador tiene sus propias inquietudes y las va tratando de plasmar para entenderlas mejor. Como te decía antes, yo me quedo con el western, las ciudades sin ley, los pacificadores, el terrateniente que siempre es el malo. No es tan diferente de lo que sucede hoy día.

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Un mundo peor
Off Versátil, 2014
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