Prólogo: RIOT, de Carlos Pérez Merinero

Lo suyo —dice Ion Arretxe de Merinero— era acabar con la realidad, cogía papel y boli y escribía

El niño eufórico destripando el reloj
Pongamos que Carlos Pérez Merinero empieza, como todos, garabateando palotes, deja luego el lápiz por el bolígrafo, y aprende, finalmente, refunfuñando, a machacar una Underwood.

Por ahí debe andar RIOT: completa y felizmente ausente a cualquier interés que no sea el goce de empujar palabras a la página en blanco y comprobarlas; el deslumbramiento de ver crecer, entre lo rojo, lo verde en el campo de batalla, el descubrimiento gozoso de los espacios infinitos de la literatura por donde nunca ya dejaría de navegar. 

Nada quiere de nadie quien escribe así. No hay arrogancia en ello, sino ensimismamiento: el del niño, desarmando y destripando, eufórico, el reloj despertador. RIOT, por muy hermético que sea (o precisamente por eso), es un texto de goce. Uno percibe mientras lo lee lo que se divirtió Carlos escribiéndolo y se divierte a su vez con sus mil maneras de llevar la contraria



todo me suena, no entiendo nada, salvo un retumbar lejano


En el límite, el texto más gozoso, más libre, sería un texto sin lector. 

Leámoslo pues, compartamos su entusiasmo, disfrutemos la paradoja y el jeroglífico.

Pongo, por orden, las primeras palabras del libro perfectamente inteligibles, las del subtítulo y las sucesivas citas que lo abren: 

La paz que el inquieto mundo dar no puede.

Supongo que la única forma de decirlo es diciéndolo. 

Qué diferente es cuando sabemos adónde nos dirigimos.

Me gusta saber adónde voy.

No hay trampa tan mortífera como la que uno se prepara a sí mismo.

David y Carlos Pérez Merinero en 2003
Y ahí tenemos, si se quiere, el núcleo energético que informa todo el texto, lo único que hay que que se puede entender.

Juego a averiguar a quiénes corresponden las iniciales de los citados: ¿WB, como G? ¿BS, como VJ? ¿Serán actrices o actores de películas, intérpretes y personajes? ¿Walter Brenan o Walter Benjamin? ¿Bárbara Stanwick? ¿Serán falsas las citas?

Por fin identifico las iniciales Ph M. Philipe Marlowe, sin duda. En algún sitio escribiría que no hay trampa tan mortífera como la que uno se prepara a sí mismo. Lo han escrito muchos, me parece. Y a fe que es verdad.

Enseguida, arranca, de una tacada:

No jugar a cartas llevando plumas. La maldición que sobre ella predijeron parece cumplirse. Maine is Maine, pero la casa y los muertos frente a sollozos renovados. Tres días pasaron. El olor del sauce les regeneraba y con aquella terquedad que tanto amaban en the Bristo, preguntó por Alfred.

Todo me suena, pero no entiendo nada, salvo un retumbar lejano.

Lo suyo dice Ion Arretxe de Merinero era acabar con la realidad, cogía papel y boli y escribía. Si la realidad quiere guerra… la tendrá. Por eso escribía. Para dejar a la realidad en peligro de extinción, a puntito de caramelo.

Llegará un día en que por fin el ser humano sea capaz de acabar con la realidad de este mundo. Con esa ilusión se levantaba todas las mañanas. 

El enemigo es la realidad, que es un sinsentido; el enemigo es, pues, el sentido. Cada vez que el sentido asoma la cabeza, zas, guadañazo y decapitación. 

RIOT es un texto insensato, ininteligible en términos narrativos. Imposible averiguar de qué trata porque no se trata de eso. No hay personajes, no hay acción, no hay relato. Percibimos, eso sí, pedazos de todos ellos. Frases que empiezan con energía, pero no se acaban. Frases que parecen citas trastocadas o producto de la libre asociación de ideas. Frases hechas y deshechas. Reunión de dos frases distintas, la cabeza de una y la cola de otra. Frases que se repiten con diferente puntuación. Listados. Tablas. Anexos. 

Una forma de empezar sería proscribir al Regente.

El mañana tendrá forma de alce.

¿Poesía?

Borrar las huellas o desmontar la intención. Y al mismo tiempo difundir la saga entre los jóvenes. Vivieron en dos mundos, rodeados de histeria, a través de un simple paisaje soñador e indolente.

Lo curioso es que el sentido negado nunca se rinde y, cuando menos te lo esperas (cuando menos se lo espera el escritor), vuelve a las andadas, asoma el coco y te partes de risa (se parte de risa el escritor que se lo encuentra y el lector que con él tropieza). De modo que, zas, otro guadañazo y abajo el sentido, todo sentido debe ser abolido menos el sentido del humor. Es un enemigo sibilino y resistente el sentido; poderoso y difícil. 

La presencia compartida de la orilla.

Es erróneo considerar el entretenimiento como porvenir de los dioses.

Merced a la colaboración imprevista de algunos bandoleros, la herencia.



Pero no se trata de reducir el sentido al absurdo, de ninguna manera; ésa, la del absurdo, sería, tan sólo, otra cara del sentido. El sentido es un depredador omnívoro, da sentido a todo lo que devora. El absurdo lo es en nombre del sentido. No vale. Nada que ver RIOT con la literatura del absurdo. Tampoco, aunque se deje llevar por asociaciones libres de palabras y frases, con el surrealismo. 

RIOT es un texto del todo materialista, fabricado con ladrillos.

El escritor procede como un albañil. Se da un garbeo, arriba y abajo, por el muro inabarcable de las palabras escritas, y va haciendo acopio de ladrillos que arranca, sueltos o ya dispuestos en tejares aledaños. Enseguida, imbrica y coloca uno sobre otro esos ladrillos -ladrillos de palabras, ladrillos enteros o ladrillos rotos, descascarillados, a los que les falta algo- y va levantando muretes monstruosos, ruinas de palabras, junto al muro gordo, en el paisaje de la página.

Cualesquiera que sean los conflictos, el torbellino induce al crimen. Supuesta la función pública encomendada, discútense las entregas de dinero, la competencia y la sancionabilidad.

Una sustancia insensible toma cuerpo, trata de alcanzar la luz.

La jerarquía indica que, dentro de esta jerarquía de decisiones, los extremos son a la vez los más importantes y los más delicados de manejar.

Para la sinecura, el privilegio de orar.

Bricoleur empedernido, Merinero ensambla pecios, restos del naufragio de distintos barcos, y los lanza de nuevo al océano de la escritura. El cuerpo de los pecios, como el del monstruo del doctor Frankenstein, está fabricado con pedazos de distintas frases cadáveres rescatadas de todas los barcos de la escritura, de la literaria sobre todo, pero también la administrativa, la económica, la estadística, el manual de instrucciones…

Aun despojado de la venda, persistió en mantener los párpados cerrados.

Poetry said Liza is a kind of madness.

El mejor modo de conmover es la muerte.

Sus pecios favoritos pertenecen a viejos galeones, a retóricas bien probadas, prosopopeyicas a veces, cultas o populares, novelas de aventuras, folletones, bandoleros, grandes llanuras, zíngaros, asesinos, elixires, piratas, revoluciones, mandarines, sed de riqueza, meretrices, obligación de matar, crepúsculos, infierno, marcado a fuego, peregrinos a bordo, brújulas, naves que encallan, motines, la jungla, una partida de atemorizados guerreros, una ciudad sin nombre, Siracusa, la peste, el éxodo..

Todo es acción, todo es empuje, pero nada avanza. 

Lejos de lo que se esperaba, el motín sirvió para revelar la amargura de toda buena intriga.

Nada avanza, pero la tormenta continúa y ruge. Las palabras, las frases, se empujan enérgicamente una a otras, sin sentido aparente, pero todas resuenan; quizá sean restos de frases una y mil veces oídas o leídas, siempre incompletas, empezando en cualquier parte y acabando cuando se le antoja, no estás seguro de dónde estás, a qué personaje se refiere, qué hace, cual es el tema… pero todas resuenan.

Resuenan asertivas, expeditivas, a menudo ordenancistas, categóricas, voces de mando, imperativos sin diana. ¡Avanti, avanti!

La prehistoria inédita de los escritores es un saco de sorpresas.

¿Qué tiene que ver este RIOT, escrito a principios de los 70, cuando Carlos Pérez Merinero tenía veintipocos años, con las doce novelas negras publicadas a partir del 82 por las que es conocido? ¿En qué se parece un huevo a una castaña?

No es cosa de andar aquí comparando genomas ni de buscar eslabones perdidos entre RIOT y Días de guardar, pero se parecen más de lo que podríamos sospechar.

Vanguardia o novela de quiosco, la misma atención a las tripas del reloj, siempre un gesto que violenta, idéntico goce en la tormenta.

Colección Carlos Pérez Merinero, 2013

Prólogo de Javier Maqua
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