El Círculo Matarese. Robert Ludlum

Ludlum nos sitúa en escenarios muy complejos haciendo creíble lo increíble

Conocer esos secretos...
El muro de Berlín se fue a la mierda y con él algo más. No sólo fueron ladrillos, cemento y hormigón lo que un buen día se hundió, fue también una manera de ver el mundo, una ideología y uno de los dos bloques que pugnaban por la supremacía mundial. Esa pugna se trasladaba a los campos de batalla y también a los despachos donde se guardaban secretos. Conocer esos secretos era parte de esa lucha y en aquel mundo, mucho más bizarro que el actual, existían tipos que Ludlum señala como “profesionales”. Del KGB o de la CIA o de cualquier otra organización de inteligencia, pero eran personajes muy curiosos, particulares, gracias a los cuales el autor ha hecho carrera literaria.

Una mente herida profundamente funcionaba así. El norteamericano había visto demasiadas mentes heridas para no reconocer el síndrome una vez reconocidas las cicatrices. El médico se había referido a su preciosa cabeza como “un mar de confusión”. ¿Quién podía esperar otra cosa? Antonia Gravet había pasado su propia eternidad en un laberinto de sufrimiento. Que hubiera sobrevivido sin convertirse en un vegetal no sólo era notable..., era la marca de una profesional.



pensar como el enemigo y superarlo en su terreno


A esos personajes le sumamos una carrera profesional plagada de añagazas, de trampas, de deslealtades y les colocamos en el escenario que es todo el orbe, le añadimos violencia e intriga y junto a una sustanciosa pizca de conspiración tenemos un cóctel de primer orden. Pero Ludlum no sólo es un maestro por realizar como nadie esa mezcla, lo es por recrear, con gran virtuosismo, situaciones increíbles haciéndolas creíbles, lo es por ayudarnos a ponernos en situación en escenas muy complejas y por ser ecuánime con todos los bandos.

El mundo que recrea el autor es un mundo fenecido, aunque mantiene la tersura propia de los hechos interesantes y de protagonistas aún más interesantes, una manera de ver el mundo nada simplista, como se expresa a continuación:

Taleniekov había visto al enemigo y éste era una porquería. Pero aquel enemigo tenía recursos imaginables, una riqueza increíble; así que era necesario ser mejor que él en cosas que no se pudieran comprar. Uno tenía que aprender a pensar como el enemigo. Y luego a superarlo en su terreno. Vasili lo había entendido bien; así que se convirtió en el maestro de la estrategia y la contraestrategia, en el muñidor de trampas inesperadas, en el ejecutor de golpes imprevistos...

O de herederos de un mundo aún más bizarro y más mítico, rayando ya lo heroico:

¡Aleksie Krupsky! Era un hombre que no había oído en años, un nombre que pocas personas de Moscú querían oír. Otrora Krupsky había sido el mejor profesor del KGB, un hombre de infinito talento para matar y sobrevivir. Y ya podía serlo; era el último de los tristemente célebres istrebiteli, aquel grupo altamente especializado de “exterminadores” que habían constituido un afloramiento de la elite de la vieja NKVD, que hundía sus raíces en el apenas recordado OGPU. 
Pero Aleksie había desaparecido —como tantos que habían desaparecido— al menos hacía doce años. Habían corrido rumores que lo relacionaban con las muertes de Beria y Zhukov, algunos de los cuales mencionaban al propio Stalin.

Una pizca de sutileza
En esas claves históricas hunde sus raíces las historias de Ludlum. No son los espías del estilo Smiley de Le Carre, aquí se mezcla esa sutil inteligencia con ciertos hechos más luctuosos sin llegar a ser James Bond y tienen mucho más de humano que Bourne, una criatura fruto de la factoría Ludlum. Son espías y asesinos y tipos taimados, sin futuro, sin piedad, conocedores a la perfección del valor de la lealtad y también de otros aspectos muy humanos como son el amor, el odio o la venganza. Ahí, en esos puntos clave, es donde la narrativa del autor crece porque no sólo son espías, hábiles en sus asuntos, sino que son seres humanos y como tales tienen reacciones sumamente particulares.

El autor inicia la obra desde el antagonismo más fervoroso. Taleniekov y Scofield son dos espías en bandos opuestos que se odian a muerte y cuyo único propósito antes de morir es matar al contrario. Ambos reciben cierta información sobre una conspiración enorme en la que están amenazados sus propios países al máximo nivel. Unirse para salvar lo que tanto han defendido se convierte en algo complejo, más aún cuando tienen la tendencia a disparar primero y preguntar después, a partir de ahí deben leerse el resto. Les puedo asegurar que la historia engancha, el ritmo de lectura es elevado y las más de quinientas páginas parecen quedarse cortas.

El autor mezcla varios géneros sacando de ellos lo mejor, siendo esta obra una de las referencias de porqué se ha llegado a llamar al género de los espías el “thriller internacional”. Ciudades, países, aeropuertos, el escenario es de gran magnitud pero no por ello pierde la perspectiva, guarda, los buenos escritores siempre lo hacen, recuerdos y gestos muy propios de cualquier lugar:

La desconfianza yanqui no cambiaría hasta que el planeta estallara en mil pedazos; y a continuación, los contables de Nueva Inglaterra demandarían al universo.

Una obra interesantísima, divertidísima y entretenidísima. Una novela que se degusta y que nos hace disfrutar. El autor no busca demostrar que su filosofía de la vida es algo exportable, Ludlum es un profesional de las letras y su labor siempre es grata y se basa en ver la literatura como algo lúdico, gustoso y de disfrute. Por último y para finalizar una frase del propio autor que resume, con maestría, lo que nos muestra a través de sus libros:


—La sutileza cada vez tiene menos adeptos, ¿no te parece?

Umbriel, 2012

Sergio Torrijos
Publicar un comentario en la entrada