Compendio en negro desde una noche de Oscar (Paolo Sorrentino, Toni Servillo y algún título más). (II)

Un flashback que de pronto ilumina a Sorrentino y a Servillo como figuras clave del cine negro italiano

Complicidad entre Sorrentino y Servillo
Detrás del Oscar concedido a Sorrentino por La Grande Bellezza está la historia de una larga complicidad entre estos dos caballeros napolitanos, una complicidad con las calles y las noches de Nápoles como profundo telón de fondo: noches llenas de humo, canciones y sueños. En medio de esa bruma había nacido el Antonio Pisapia de “L`uomo in piú”.

Y si el culmen de la complicidad Sorrentino-Servillo es la fulgurante Il Divo, en la que la cámara se vuelve expresionista y rastrea la vida de un Giulio Andreotti que aborda en clave de Nosferatu, de camino a Esch bajo la lluvia de medianoche salían al encuentro otras películas, en un flashback que de pronto iluminaba a Sorrentino, y no menos a Servillo, como figuras clave del cine negro italiano. Esta noche de Oscar y consagración para ambos es buena ocasión para reseñarlas.


Vista en Beaune, el Festival de Cine Policiaco, dedicado en 2013 a Italia: Las consecuencias del amor (2004). 

La mafia reclama lo que es suyo
El amor introduce una condena a muerte (sin duda los ojazos de Olivia Magnani, su pelo negro y su boca perfecta tienen algo que ver en ello) cuando un contable desterrado por la mafia en Suiza ve perturbada su única ocupación vital: ingresar en una cuenta el dinero negro que una misteriosa mujer vestida de negro le hace llegar en una maleta. Por los laberintos del amor, la maleta se perderá, y la negativa a entregársela a un jefe mafioso, por amor y por dignidad, terminará convirtiendo la condena en una muerte aceptada: sepultado en un container de cemento, con tiempo para saborear la muerte mientras desciende el brazo de la grúa que lleva consigo su final el cuerpo de Tony Servillo: magistral en el dominio del espacio y el tiempo, pessoano y pirandelliano, y tabucchiano en su forma de enfrentarse al tedio y al exilio, hasta que la mafia viene a visitarle para reclamar lo que es suyo. 

De pronto, todos los momentos de la película se cargan de extraña energía y emoción: Servillo de espaldas, mientras los empleados del banco suizo cuentan el dinero, Servillo inyectándose su dosis semanal de heroína con la puntualidad y regularidad de un reloj suizo (los miércoles, a las 10), soportando con estoicismo la visita fugaz de un hermano playboy, enamorándose como una tumba de la chica del bar (misteriosa e irresistible Olivia Magnani) aceptando la muerte, las consecuencias del amor.

Claudio Cupellini, probablemente inspirado en esta primera película de Sorrentino, recogía a Servillo exiliado también en el extranjero en Una vita tranquilla (2010). 


Continuará...

Ramón García


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