Prólogo: La noche a través del espejo

Giros y sorpresas, tragos de whisky, despliegue de humor y paradojas, juego de espejos y distorsiones

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La historia de La noche a través del espejo transcurre prácticamente en una noche de jueves del mes de junio en una pequeña ciudad donde nunca pasa nada. El director del periódico local desea que, por una sola vez, haya algo fresco y relevante de lo que informar. La sensación que me produce cada vez que la leo es la de entrar en un mundo paralelo que es este al mismo tiempo, “el lector llega a plantearse no ya que esas historias puedan ser reales, sino que deberían serlo, pues la vida ganaría mucho con ellas”, como dice César Mallorquí en la presentación a uno de los libros de Fredric Brown. 

Fredric William Brown (1906-1972) era un hombre menudo y de salud frágil, de joven desempeñó varios trabajos y luego fue durante muchos años corrector de pruebas de imprenta en el Milwaukee Journal. Al mismo tiempo redondeaba sus ingresos con la escritura de cuentos para las revistas pulp de los años cuarenta. Hasta 1947 no publica su primera novela, La trampa fabulosa, protagonizada por Ed y Am Hunter, a los que dedicaría una serie compuesta por otras seis, y con la que gana el Premio Edgar. Durante toda su carrera literaria alternó la escritura de cuentos y novelas policíacos y fantásticos, carrera que finalizó en 1963 debido a una enfermedad. 


juego de espejos con Alicia


Es autor de veintidós novelas de misterio, cinco de ciencia ficción, una autobiográfica y cientos de cuentos, algunos de ellos ultracortos, de entre una y tres páginas, en una época en que las revistas pagaban por palabras. Aunque las cifras puedan engañar, Brown es probablemente el único escritor que ha sobresalido tanto en el género negro como en la ciencia ficción. Algunos de sus cuentos y novelas se han adaptado a la televisión y al cine: en el programa de Alfred Hitchcock colaboró varias veces, Arena apareció en un episodio de Star Trek, en dos ocasiones The Screaming Mimi se ha llevado a la pantalla, existe una penosa versión de ¡Marcianos, largo de aquí!, Guillermo del Toro hizo un cortometraje con un relato suyo y a partir de sus novelas negras se han hecho varias películas en Francia. 

Absténganse de leer los aburridizos
Su obra literaria siempre ha contado con fieles lectores. En el ámbito hispano, en los años sesenta en México la colección Caimán publicó la mayoría de sus títulos policíacos y la colección Nebulae los de ciencia ficción. Ahora mismo podemos encontrar la ciencia ficción completa, cuentos y novelas, en la editorial Gigamesh. Uno de los principales impulsores de Fredric Brown ha sido Javier Coma, en la colección Black, en la Cua de Palla y también en Etiqueta Negra de Júcar, probablemente la mejor colección de género negro por su variedad y selección de novelas. 

El título original de esta obra es Night of the Jabberwock (1950), que tuvo una primera traducción en Buenos Aires en 1953 como Noche de brujas, posteriormente se publicó en catalán en 1986 como Nit diabòlica y un año después salió la hasta ahora última edición, La noche a través del espejo, estas dos últimas gracias al consejo e iniciativa de Javier Coma. 

La noche a través del espejo de Fredric Brown es una novela redonda, de embriagadora precisión. Por eso es complicado decir qué me gusta más de ella. La trama llena de giros y sorpresas, los tragos de whisky, la crítica a la política y al periodismo, los personajes cercanos y creíbles, el bar de Smiley, la atmósfera nocturna y onírica, el despliegue de humor y paradojas, o el juego de espejos y distorsiones con Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll. 

Brown fue un lector voraz, jugador de póquer, bebedor habitual, trabajó durante mucho tiempo en un periódico, comenzó a publicar novelas con más de cuarenta años, cuando se atascaba con una trama o buscando inspiración, cogía un autobús Greyhound y viajaba sin rumbo fijo… Muchos de sus personajes recogen varias de estas características, hombres corrientes de mediana edad que se ven envueltos en sucesos extraordinarios e inexplicables que les hacen dudar de la realidad misma, todo ello recorrido por un sentido del humor irónico y sarcástico. 

Leí esta novela gracias a la recomendación de Alfonso Álvarez Lorencio, un amigo librero, insomne lector y coleccionista de ediciones de Alicia (en la colección Avatares de Valdemar hay una pequeña muestra de ilustraciones). Alfonso era un aficionado a la literatura popular y fue una de las inspiraciones para la creación de nuestra librería, Estudio en Escarlata. 

Esta es una de mis novelas favoritas a pesar de los múltiples fallos y erratas que tenía la edición que leí, fruto de una traducción apresurada y de la aparente ausencia de corrector. Ahora he podido leer y comparar ambas versiones y esta que tienen en sus manos goza de la clara y diáfana traducción de Susana Carral y de los cuidados del editor Jesús Egido, con el que el autor hubiera hecho buenas migas. 

Disfruten de la lectura, y las relecturas, y tomemos un trago a la salud de Fredric Brown

Reino de Cordelia, 2014

Prólogo de Juan Salvador López
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