No des la espalda a la paloma. Julián Ibáñez

Ciudades, pueblos y carreteras secundarias donde la Transición pasó de puntillas

La Transición a través del Calisay
No recuerdo quién dijo que el cine negro contemplaba el sueño americano a través de un vidrio oscuro. Siguiendo esta lógica, vemos que Julián Ibáñez mira la Transición política española a través de una botella rota de Calisay. Su mirada queda atenta a los márgenes, las proporciones se deforman —hasta el David de Miguel Ángel parece contrahecho— y todo sucede en parajes abandonados, quizá durante una interminable tarde de domingo...

No des la espalda a la paloma sucede, como tantas otras novelas de Ibáñez, en una ciudad de provincias donde llueve mucho, que suponemos que es Santander, ya que esto no se menciona en ningún momento. Su puerto es el escenario ideal para el crimen: almacenes, fábricas abandonadas, solares en construcción... A tan hospitalaria ciudad llega Ramón Ferreol, un estoico buscavidas que acabará trabajando como chupatintas para el agente de aduanas Lillo. Como una cosa lleva a la otra, este le encargará que investigue a su joven y despampanante mujer, Delicias Obarra. Cuando muera Lillo, un suicidio según la versión oficial, nuestro buscavidas desafiará al sentido común y al orden establecido, investigando su muerte hasta el final.



con tanto cariño como crueldad


Si bien se aprecia en más de un sentido el espíritu formulario típico de tantas novelas negras, Julián Ibáñez consigue dar vida a sus personajes y ambientes a fuerza de metáforas inesperaradas, símiles y comparaciones disparatadas, contrastes excesivos —el enano con las prostitutas del bar Fany—, y una narrativa taciturna que a veces nos confunde pero siempre nos engancha.

Podía ser confundido con un vertedero de basuras, pero no lo era, porque a nadie se le hubiera ocurrido poner un vertedero de basuras entre las oficinas del Obispado y el patio de un colegio de Huérfanos del Magisterio

No falta en estas páginas el humor suburbial, sobre todo porque la Transición, el salto a la modernidad, la integración en Europa, ya ha tenido sus propios cronistas, pero Julián Ibáñez siempre ha preferido centrarse en esas ciudades, pueblos y carreteras secundarias donde ese proceso, por la razón que fuera, pasó de puntillas... Y nos lo ha querido contar a su manera, con buenas dosis de humor, con tanto cariño como crueldad.

Forum, 1983
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David G. Panadero
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