Insomnio (Non ho sonno, 2001), de Dario Argento: Mata como puedas (IV)

Aunque me atrevería a decir que Argento se ha vuelto posmoderno sin darse cuenta…

¿Quién no se acuerda de esas Navidades?

A finales de los 60, y hasta bien entrados los 70, hubo cineastas que abordaron el género de terror desde el clasicismo, aportando algunas obras maestras (El Otro, de Robert Mulligan; El Exorcista, de William Friedkin; La Profecía, de Richard Donner). Pero el terror moderno surge de la mano de cineastas como Hooper, Craven, Cronenberg, Argento o Carpenter, que en líneas generales ofrecen una cultura visual más cercana a los medios de comunicación de masas, la crónica de sucesos, el docudrama,  incluso el cómic...



su sello: esteticismo, tramas absurdas y efectistas


Pasan los años y llega el momento en que estos autores toman consciencia de su papel protagonista como creadores de ficción. Entonces el juego de complicidad entre el autor y sus fans pasa del silencioso romance a una explosiva galería de tics llena de ironía, en la que abundan las referencias a obras previas, ya sean propias o ajenas. Todo vale. Esta es la actitud de Wes Craven en Scream. Vigila quién llama (Scream, 1996), cinta que populariza el gore de videoclub para disfrute tanto de las nuevas generaciones como de los más nostálgicos.

Max von Sydow aguantando el tirón
No me atreví a afirmar en el inicio de esta serie de textos que Insomnio sea una comedia negra. Por más que para mí, evidentemente, lo sea, no me queda claro si esa humorada estaba en la intención del director o simplemente en mi forma de verla. De la misma manera, tampoco tengo elementos suficientes para afirmar que Argento se haya vuelto posmoderno de la noche a la mañana. Aunque me atrevería a decir que en cierta manera sí, que Argento se ha vuelto posmoderno sin darse cuenta…

En sus inicios, el autor de Suspiria llegó a plantear alguna trama bien atenazada, como El gato de las nueve colas (Il gato a nove code, 1970) cinta, por cierto, poco valorada por sus seguidores por su excesivo clasicismo—, pero pronto acabaría defendiendo tramas cada vez más absurdas, servidas con mayores efectismos y esteticismos, y es por títulos de ese estilo (Rojo Oscuro, Inferno, Tenebre) por los que principalmente se le reconoce.

Las arquitecturas de Rojo Oscuro
Insomnio nos sumerge en un universo auto-referencial: un asesino que deja un recorte en forma de animalillo (guiño a su propia trilogía zoológica). Además, la mezcla de estilos arquitectónicos de Turín le ayuda a recopilar todas las etapas de su obra destaca la abandonada mansión modernista de los Fabritiis, con sus lámparas de araña y vidrieras, en la que un personaje se interna para investigar, como en Rojo Oscuro.

En definitiva, con Insomnio Argento alcanza de lleno la posmodernidad, quizá sin quererlo. Sabe lo que su público espera de él y ofrece taza y media en un giallo que asume sus propias limitaciones y que se presenta como muestrario de toda su obra previa. Los más avezados tendrán a cada minuto sensación de “ya visto” y no tardarán en darse cuenta de que tras las numerosas repeticiones del cineasta no se esconde ninguna doble intención. De hecho, ver Insomnio es como reunirse con ese abuelo que nos cuenta la misma historia noche tras noche, aunque siempre se reserva un pequeño matiz distintivo.

David G. Panadero


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