Insomnio (Non ho sonno, 2001), de Dario Argento: Mata como puedas (II)

El clan del giallo vuelve al hogar, es decir, al lugar del crimen

Formación original de los Goblin

Resulta de recibo reconocer que, aún siendo Argento un cineasta de constantes claramente marcadas, siempre ha tratado de ofrecer ciertas variaciones para adaptarse a los tiempos. Lástima que la excentricidad de sus propuestas y estilo visual hayan acabado por atenazar lo que debería haber sido una evolución paulatina.

Con todo, cuando Dario debuta dentro del cine policial italiano, el llamado giallo, (con el punto de mira en la obra de Mario Bava, está claro), lo hace de la mano de Ennio Morricone, quien aporta algunas de sus mejores bandas sonoras al aunar el jazz más ecléctico con jadeos femeninos y toda suerte de sonidos sorprendentes.

Con Rojo Oscuro (Profondo Rosso, 1976), el transalpino da un giro que lo emparenta con el más pervertido arte pop y colorista, e introduce una gran novedad: la banda sonora del grupo de rock Goblin, que funde el thriller terrorífico con el rock sinfónico. Sin duda es una apuesta arriesgada, aunque no satisfizo a todos.


Antonello Gelleng, Sergio Stivaletti, Franco Ferrini, 
Claudio Argento y los Goblin


Llegados los 80, el autor entra en declive, sin parar de buscar nuevas fórmulas. Tenebre (Tenebrae, 1982) sería una apuesta por decorados luminosos y modernos, sustituyendo su registro musical habitual por el techno macarrónico; Phenomena (Phenomena, 1985) constituiría una cinta paisajística donde suena incluso New Age (!)... Poco a poco el clan de Argento iría cambiando. Tras algunas producciones de difícil catalogación (Los ojos del diablo, Trauma), el director busca una vuelta a sus orígenes con la interesante La Sindrome di Stendhal (1996). Para esta contaría con el protagonismo de su hija Asia y partitura del añorado Morricone.

El poder alucinatorio del arte
Il fantasma della Opera (1998) supondría un colosal despropósito que es mejor ignorar, y tras éste, llegaría Insomnio, un excelente y malsano entretenimiento que nace de la reunión de los viejos amigos. Sobre las películas posteriores de Dario Argento prefiero no pronunciarme. En primer lugar, debido a los problemas de distribución ha sido complicado verlas todas. Y sobre todo, admito que cada vez me da más pereza completar su filmografía.

Como suele ocurrir en el cine de Argento, muchas veces todo surge de un detalle insignificante: un sueño que no se termina de recordar, una cita ajena, o más habitualmente, un título: Insomnia. Éste sería cambiado por el que ya conocemos, ya que hay un film europeo llamado así, del que Christopher Nolan ha hecho un remake.

Llegados a este punto, solo faltaba juntar a los de siempre: Antonello Geleng como director artístico, Sergio Stivaletti con los efectos especiales, Franco Ferrini como guionista; Claudio, hermano de Dario, como productor, y partitura, cómo no, de Goblin.

La música es esencial: el cuarteto, compuesto por Simonetti, Pignatelli, Marangolo y Morante, se disolvió tras grabar la banda sonora de Suspiria (Suspiria, 1977) por razones poco claras. Quizás por rivalidades con el propio Argento, que se acreditó como coautor de la banda sonora, algo que el teclista y líder del grupo, Claudio Simonetti, ha puesto en duda públicamente. Pues bien, reunidos los viejos rockeros, graban una música que se sitúa entre lo mejor de su obra, cambiando el ambiente progresivo y de psicodelia por otro más cercano al rock gótico e industrial, más acorde con los decorados urbanos de los que se sirve Argento en Insomnio.

Completa el cartel el protagonismo de Max von Sydow, un actor poliédrico, capaz de alternar sus trabajos con Bergman con descocados proyectos alimenticios (Flash Gordon, Druidas…)

David G. Panadero


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