El reinado de Witiza. Francisco García Pavón

Francisco García Pavón, un autor de carácter que nos invita a conocer su mundo

Lo viejo y lo nuevo
El manchego Francisco García Pavón consagró su carrera literaria, y en especial la de sus personajes, los investigadores Plinio y Lotario, a dejar un testimonio de un mundo que estaba desapareciendo, allá por mediados del siglo pasado: el mundo rural. Paradójicamente, o no, en ese apego por el pasado —por lo que poco tiempo después sería el pasado— se combinaban desenfadadamente lo viejo y lo nuevo. Lo viejo: palabras que han caído en el desuso (de hecho, esta edición tiene como apéndice un glosario que nos ayuda a comprender ciertos términos), giros populares, comidas comunales... En definitiva, esa tan llorada gracia manchega de la que hacen gala los personajes. Lo nuevo: siendo novelas de detectives, eso sí, "a la manchega", queda lejos la mecánica de la investigación, y la resolución del misterio no depende tanto de un tren de pistas como de pequeños detalles, factores ambientales, incluso inexplicables "pálpitos" que Plinio, el Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso seguirá sin cuestionarlos. Abandonada, por tanto, esa mecánica implicita en la mayor parte de las novelas policiacas clásicas, gana el pulso un inteligente costumbrismo que no descarta el humor ni la fantasía...

auténticas lecciones de sabiduría popular


Francisco García Pavón sabía que el carácter español es otro, y que a la fuerza nuestras novelas negras debían ser distintas, y no meras reformulaciones apegadas a los esquemas de la novela negra norteamericana. Como dice Lotario a su compañero en un momento determinado:

—Mira, Manuel, con esta sequía de casos que padecemos, va a ser menester inventarnos crímenes y robos para distraernos un poco

Como telón de fondo encontramos un retrato estilizado de un tiempo y un lugar muy "nuestros" —La Mancha, 1968, que contemplamos como quien abre una caja de fotos antiguas, mezcladas la extrañeza y la cercanía. Y en esas fotos antiguas que el tiempo ha vuelto amarillentas, no faltan ciertas verdades, auténticas lecciones de sabiduría popular:

—Castilla es como ciertas mujeres mal templadas, que pasan del frío al calor o de la risa al llanto sin puente medianero

Además, no diremos que en las novelas de Francisco García Pavón la trama sea lo de menos, pero casi. Que en el cementerio aparezca un nicho inesperadamente sellado, que lo ocupe el cadáver de un hombre curiosamente parecido a un rey godo —con toda la chanza que ello trae— no es lo de menos, pero casi... Porque esta novela, y el resto de novelas de la serie Plinio, están marcadas a fuego por el terreno que transitan; son fuertemente locales, y no tendrían ningún sentido si transcurrieran en otro lugar. Da la impresión de que el escenario es el personaje más importante, en cuyas manos está la solución:

La naturaleza respira muy por encima de los hombres, de las bestias y de las máquinas. Trabaja con esquemas tan alzados que el bulto de lo humano y sus cosas carece de poder

Dicen los seguidores de Poe, padre de la literatura de misterio, que antes de escribir la primera palabra hay que conocer el final del relato y desechar todo lo que no conduzca a ese final. Pues bien, da la impresión de que Francisco García Pavón, de alguna manera se hizo uno con su Plinio, y prefirió abandonar esas coordenadas cartesianas, dejándose llevar por sus "pálpitos" para que hubiera más espacio para el humor, la humanidad, y, sobre todo, el retrato de ese mundo rural que se le escapaba por entre los dedos. Si bien hay escritores formularios que no se separan un ápice de los modelos que los inspiran, en García Pavón encontramos un autor de carácter que nos invita a conocer su mundo.

Rey Lear, 2013

David G. Panadero


Nota del editor: hemos querido empezar 2014 con el comentario de esta novela, que además, por esos azares de la vida que bien podrían pasar por ficción, es la entrada número 900 de esta página. ¡Redondo!

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