Vis a vis. Víctor Claudín

Un camello y su novia terrorista. Un policía desatado. Algo, todo, saldrá mal

Hasta las últimas consecuencias
El suspense no lo es todo cuando los personajes te arrastran en su espiral de mala suerte. Qué más da si desde el primer momento sabemos cómo va a acabar todo. De hecho, que el final resulte tan predecible es peor (mejor), ya que no tenemos forma de evitarlo; solo nos queda seguir leyendo, los ojos abiertos de par en par, incapaces ya de hacer otra cosa que no sea pasar las páginas.

Así sucede con Vis a vis. Gerardo, un camello que toca por las noches en pubs madrileños —noches que siempre son parecidas, donde no apetece reconocer a nadie ni ser reconocido, que acaban con sexo espontáneo y tiros de coca— conoce en cualquier momento a una chica que le fascina, pero que no se llama como dice llamarse. Es Ainhoa. Acusada de ser etarra, acabará en la cárcel de Yeserías, pero en lugar de poner fin a la relación, el encierro añadirá un aliciente. Los dos están casi saliendo de la adolescencia, y pese a que surgirán nuevas relaciones —nuevas chicas que él conocerá de noche; alivios momentáneos que ella buscará con sus compañeras de presidio—, la obsesión incontrolada se apoderará de ellos, que, quizás en un afán imposible de rebeldía adolescente, querrán llevar su amor hasta las últimas consecuencias. Caiga quien caiga, aunque tengan que ser ellos mismos los que acaben en la cuneta.



nos sumerge en el Madrid de entonces


La novela transcurre en el Madrid de 1983, precisamente cuando cobraba fuerza la guerra sucia contra ETA y nacían los GAL, episodio bien detallado y crucial en estas páginas. El imponente Señor Ruiz, policía que ni sabe ni quiere saber de métodos democráticos, abrirá la veda sin escatimar toda suerte de crueldades contra la pareja.

Aunque seguramente esta novela se empezó a gestar en el magín de su autor en el mismo año 83, no se sentaría a escribirla hasta 1993. Han pasado bastantes años desde que nació esta historia, pero Víctor Claudín ha tenido la inteligencia de no someterla al filtro del paso del tiempo, eludiendo valoraciones morales o reflexiones a toro pasado. Precisamente ahí está el punto fuerte de Vis a vis: en su autenticidad, en permitir que sus personajes piensen y actúen de forma compulsiva, aunque para quien lo escriba haya pasado el tiempo, pese a que a día de hoy, pudiera ver las cosas de otra manera. Como resultado, tenemos un testimonio parcial, subjetivo pero lleno de fuerza, que nos sumerge en el Madrid de entonces. En sus palabras:

La vida callejera en Vallecas y la relación con mi padre, oficial de la marina, me fueron enseñando lo imprescindible para sobrevivir con dignidad. De ahí, de la calle y de mi padre mandón, que mi biografía tenga un gran parecido con la de tantos otros que pasaron de la niñez a la juventud con una botella en una mano y un porro en la otra, llegando a ser hombres sin darnos cuenta. Hombres prematuramente cansados. Puede que el especial sentido de la amistad y del honor, además de la obligación de ser testigos de lo que sucedía día a día en el país, donde se evidenciaba la tiranía de un régimen en sus últimos estertores, condujera a algunos hasta la militancia política, o cuando menos a escarceos con la lucha clandestina.

A todo esto, Víctor Claudín es periodista y escritor, siempre muy activo en todo lo relacionado con la cultura, principalmente música y teatro (sala Alfil, Elígeme discos...) y empieza a destacar seriamente dentro del género gracias a Vis a vis y también Cosecha negra.

Dicen los que buscan frases bonitas para rematar las críticas que despedirse de un libro es como despedirse de un buen amigo. Algo de eso hay. Incluso más, si tenemos en cuenta que, como es el caso, la despedida puede ser definitiva y, en muchos sentidos, verdaderamente dolorosa...

Evohé, 2013

David G. Panadero
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