Sitges 2013 (IV): el repunte asiático

Entre calidades desiguales y riesgos discutibles también surgen títulos rebeldes


Space Pirate Captain Harlock

Terminamos nuestro periplo por Sitges 2013 con una nota positiva. Si en la edición anterior expresábamos nuestra preocupación por el alarmante estado del cine oriental, este año las propuestas asiáticas se contaban entre lo más estimulante de la programación. Sin embargo, aún no es momento de proclamar revoluciones: por ejemplo, en el caso del cine coreano los aciertos nacen al calor de una estable y abundante producción de calidad desigual, mientras que los talentos japoneses nadan como salmones contra la corriente de una industria castradora del riesgo y la originalidad.

rebeldía, libertad y anarquismo vital

Uno de esos rebeldes eternos es Hideaki Anno, quien con Evangelion 3.0: You Can (Not) Redo optó por una vía más difícil que la de complacer a los aficionados de una de las sagas clásicas del anime: la renovación. Tras el estallido poético de la entrega anterior nos sometemos a los rigores de una prosa que se despliega inexorablemente, describiendo una transformación profunda en el universo Evangelion desde el punto de vista de un Shinji aturdido y confuso. Como a él, Anno nos sitúa a los fans en una encrucijada que nos obliga a retratarnos. ¿Hemos madurado después de todo este tiempo? ¿Somos capaces de evolucionar en la vida?
Nobuhiko Ôbayashi también parece interesarse por estas preguntas en Casting Blossoms to the Sky, lo más cercano a una obra maestra que pudimos ver en Sitges 2013. El director de Hausu (1977) reflexiona sobre las grandes tragedias que han puntuado la historia contemporánea de Japón, desde la IIGM al terremoto de Tóhoku, y lo hace imbricando experimentación y segmentos documentales en los códigos de un género tradicional, como es el drama rural o furusato eiga. La película derrama lágrimas por la Historia y por cada una de nuestras pequeñas historias, al cabo humo y recuerdos de fuegos artificiales en el cielo nocturno. Un enfoque introspectivo del pasado muy distinto al de Jiseul (O Muel) y National Security (Chung Ji-young), las cuales se enmarcan en una de las pocas corrientes vigorosas de cine protesta, la coreana. No obstante, su grado de honestidad es diferente: mientras que la primera apuesta por el blanco y negro pictórico y el encuadre esteticista para narrar el sangriento episodio de una pequeña isla declarada comunista por Corea del Sur, Chung se vuelca en plasmar las torturas policiales a los jóvenes participantes en las revueltas populares de los años 80. La concisión de la puesta en escena de National Security —otra desterrada a las sesiones nocturnas por su dureza— acota el pesimismo antropológico del cine de Park Kwang-su a un momento concreto del pasado, y nos lo devuelve al presente con toda su fuerza: tal como éramos, tal como somos.
Jiseul
Más allá de la memoria histórica, la también coreana The Fake aumentaba la tasa de acidez del festival con el relato de una comunidad dominada por un pastor evangélico y su correspondiente empresario. Es dudoso, sin embargo, que Yeon Sang-ho mereciese el premio de la sección Anima't por un enfoque y una animación más conservadores que los de la citada Evangelion 3.0... o que su obra precedente, la mas psicológica The King of Pigs (2011). Por su parte, tampoco aspira a innovar la pieza del género de infiltrados The New World, si bien su autor Park Hoon-jung hace gala de la solidez que ya demostrara como guionista en I Saw the Devil y Unjust, interiorizando el legado de Scorsese de manera más natural que la tan cacareada Nameless Gangster (Yoon Jong-bin) de la edición anterior.
Pese a ello y al premio de la sección Focus Àsia que le fue concedido, la propuesta de Park no le hizo sombra al gran thriller de Sitges 2013: Drug War. Johnnie To volvió a ser la voz de una industria hongkonesa en crisis y fagocitada por el gigante chino, proceso respecto al cual la trama de gángsters de ambas procedencias guarda ciertos paralelismos. El director abandona la poética de Vengeance o Exile y recupera la violencia cruda de títulos de los ochenta como Long Arm of the Law (Johnny Mak), narrando con planificación milimétrica una espiral de caos con final inmisericorde. No fue tan bien recibida la aportación de otro peso pesado del festival, Kiyoshi Kurosawa, cuya Real decepcionó a quienes todavía esperaban otra Cure. Más cercana a sus filmes comerciales como Retribution, la película conjuga los modelos de Hollywood y de Sundance de ci-fi romántica, manteniendo un perfil visual bajo hasta eclosionar en uno de los clímax más hermosos que recuerdo de aquellas jornadas, puro cine fantástico que complementa, sin desdecir, el pesimismo acerca del modelo familiar de Tokyo Sonata.
Concluimos con una de esas películas que confirman Sitges como espacio donde sumergirse en las ficciones que le acompañan a uno a lo largo de la vida: Space Pirate: Captain Harlock, aventura de animación en 3D ambientada en el universo de Leiji Matsumoto. Su autor Shinji Aramaki amplifica los logros visuales de Final Fantasy: The Spirits Within (Hironobu Sakaguchi, 2001) al precio de sacrificar la densidad dramática del manga original por más acción, con el fin de asegurar la taquilla necesaria para recuperar el presupuesto. No importa. Aunque en apariencia Harlock quede relegado a un rol secundario, su mera presencia invoca la rebeldía, la libertad y el anarquismo vital que representa y a los que no podemos renunciar, ni tampoco lo haremos en Sitges 2014.

FIN
Álvaro Peña
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