Por mal camino. Chris Womersley

La desesperación, el miedo y la violencia, aunque angustian, sostienen a los protagonistas

¡No paran de moverse!
Lee, un joven exconvicto, despierta en un sórdido motel de las afueras de una ciudad australiana con una grave herida de bala y un maletín lleno de dinero, pero sin recordar muy bien qué ha sucedido en las últimas horas. Allí tropieza con Wilt, un médico que ha perdido su licencia por su adicción a la morfina, y que está escapando de su mundo sin saber muy bien a dónde ir. Unidos circunstancialmente en su huida, se adentran en las más profundas y remotas llanuras australianas, pero son perseguidos por Joseph, un viejo gánster, que habiendo sido mentor de Lee y le persigue para recuperar el dinero y castigar su afrenta. Pero el mismo perseguidor está amenazado de que si fracasa, su carrera en el hampa está liquidada, por lo que  se juega mucho en esta captura. 

Ante todo nos encontramos con una novela negra, muy negra. Nada de un relato policial o detectivesco, no. Ésta es una novela de delincuentes, o por lo menos de personajes que se encuentran fuera de las leyes de los hombres, y que se moverán, reaccionarán y sufrirán desde parámetros distintos a los de la ley, la justicia o lo correcto. Aquí regirán la desesperación, el miedo y la violencia, que son los sentimientos que angustian, pero a su vez, sostienen a los protagonistas. 

  
huyen de sus fantasmas sin escapar a su influencia


También puede considerarse una road movie, pues nuestros tres personajes, por razones muy distintas, no pararán de moverse, eso sí, a duras penas, unos en busca de cura y otros, de refugio, o para atrapar un futuro que se escapa. Hay una necesidad de movimiento, pues la quietud sólo significa muerte y desolación.

Y por si fuera poco, se narran magistralmente los infiernos de cada actor de este drama, están presentes en cada uno de ellos, y les obligarán, por un lado a una huida desesperada  de sus fantasmas, pero paradójicamente veremos cómo estos, dictarán, con un fatalismo irremediable,  buena parte de sus actos

Y con todas estas piezas se monta un arma letal, que nos va disparando escenas intensas, violentas, llenas de sangre y desesperación, pero movidas todas ellas de un anhelo de vida, y de la creencia, o al menos necesidad de creencia, de que lo fatal puede esquivarse, y puede encontrarse una existencia  mejor. Todo esto con un estilo directo y brillante, que nos traslada de los recuerdos más angustiosos a la descripción de los encuentros que van teniendo con lugares y personas, y cómo estos sufren del fuego que consume a cada uno de estos desesperados corredores.

Es muy de destacar la capacidad del autor de narrar el estado obnubilado en que cada uno de los personajes se encuentra, uno por las terribles heridas que sufre, otro por los efectos de su adicción a las drogas, y el tercero por el miedo cerval que le acongoja, y que genera un pensamiento ansioso, que sin ser de carácter onírico, tampoco resulta lúcido y agudo. El desarrollo de los monólogos de cada uno de ellos es una pequeña obra de arte literaria, que muestra cómo cada personaje pretende entender el pasado y el presente, aunque eso no signifique que logren atrapar un futuro.

Si durante los últimos años la editorial Es pop nos había devuelto a las esencias de la más poderosa novela negra con un puñado de magníficas novelas, con este libro nos ha vuelto a sorprender con una novela que no puede dejar de calificarse como impresionante.

Es Pop, 2013

José María Sánchez Pardo
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