Ojos azules. Jerome Charyn

Creo que el centro del mundo es Nueva York y viajar allí es perseguir a Isaac Sidel 

Policías y gente así
—Lo pasas bien en la gran manzana, ¿no? 
—Puedo vivir sin ella, Herbert. 
—Y una mierda. Te caerías a cachos fuera de Manhattan. Los quinquis meten más miedo en Queens. Allí nadie sabría apreciar tu manicura. No podrías saludar a Cary Grant por la calle. Te conozco, Coen, si te sacasen de Manhattan no aguantarías. 
—Vengo del Bronx, Herbert. Mi padre vendía huevos en Boston Road. 
—El Bronx —dijo Pimloe—. Los morenos tienen fábricas de lanzas en el Bronx. Hunts Points es un terreno de prácticas perfecto para las unidades tácticas. Podrían tirarse en paracaídas sobre Simpson Street y acabar con el Vietcong. Manfred, en el Bronx se te pelaría el culo. Se te encogería hasta el pito.

De eso trata la novela, de Nueva York. Bueno, mejor dicho Manhattan y el Bronx. Policías y lo que ofrece una ciudad como esa. Aunque hay que asumir que lo que propone Charyn es algo bastante difícil de describir.

Puedo asegurar que el trabajo de Charyn en la serie del inspector Isaac Sidel tiene una cualidad innegable: gusta o espanta. No existen términos medios. No son las típicas novelas al uso, con personajes estructurados que evolucionan y con tramas definidas, aquí nada es así. Todo cambia salvo el escenario, que siempre es Nueva York. 


libertad literaria; ficción pura y dura


En esta obra, considerada por la crítica como un hito, la acción se inicia cuando Manfred Coen, alias Ojos Azules, es encargado de buscar a Caroline Vender, fugada, huida o desaparecida. Por el camino de esa búsqueda asomarán el antiguo jefe de Coen, Isaac Sidel, los Guzman, una especie muy particular de judíos colombianos que controlan parte del crimen organizado, Chino Reyes, un proxeneta peculiar, y varios personajes más de poderosa tersura literaria.

Jerome Charyn. Foto: Open Road Integrated Media

¿Por qué se considera un hito literario? Por muchas causas aunque la principal y la mejor que aprecio es por la libertad literaria, la ficción pura y dura que entra en una novela negra. No se busca la denuncia o presentar algún hecho puntual a través de la trama, lo que se pretende es la exposición de un mundo propio. Un mundo muy particular, plagado de recuerdos del propio autor, de realidad y también de una potencia visual de primer orden. Lo curioso de todo esto es que podamos entrar en la mente de Charyn, por momentos un desvarío, y comprender el motivo o motivos que le llevan a obrar así. Lo que nos expone el autor es su propia visión de la realidad y tiene lo suyo, para muestra un botón, o mejor unas frases:

En la Quinta Avenida, Coen vestía su traje de tweed con calcetines morados. Mientras atravesaba el parque, se desentendió del horizonte urbano y de la piedra quemada. Coen temía el East Side...  
El productor le dejó usar la habitación de la criada. Coen se acostó con la chiquita. Se acostó con la chica au pair del productor, una noruega que sabía más inglés que Coen. Tras alguna que otra insinuación del productor, se acostó con su esposa. Se sintió incómodo cuando los amigos del productor empezaron a llamarle “el clavo” 

También es un hito literario por obligar, la palabra usada es la correcta, al género a adaptarse a las manos del escritor. El autor toma la estructura de la novela negra y la somete a sus personajes, a sus calles y a sus ideas. La prostituye sin piedad, tanto es así que la historia que narra no es una historia en sí, sino el comienzo de una serie de novelas que el autor se verá obligado —señalar lo de obligado— a proseguir. Las obras posteriores del autor provienen de la obligatoriedad de dar empaque a la presente novela, lo cual es una auténtica locura y cuadra perfectamente en la cabeza del escritor. No quiero decir que el autor esté desequilibrado pero sus obras sí lo son. No son estables, ni firmes y tampoco lo pretenden, son curiosas, plagadas de huecos, de sombras oscuras, de imágenes sugerentes pero muy creativas y francamente vívidas.

Otro punto muy fuerte de la obra son sus personajes. Absolutamente radicales, en muchos sentidos, tanto que puede darse la circunstancia de comprender a algunos y a otros no. No responden a una lógica establecida sino a ciertas circunstancias que a veces conocemos y otras no. No obstante como criaturas del autor muestran una querencia a lo extravagante, rallando a veces lo paranoico o casi incomprensible. Aunque la lógica de Nueva York siempre impera. 

Chino saludó al camarero de Bummy’s con el gesto a dos dedos famoso en todo el Bronx. Incapaz de penetrar en las capas altas de Norteamérica, Chino se tenía por un auténtico siciliano de Mulberry Street. Hubiera podido ser algo más políglota si hubiera llevado una vida menos activa (no se pagaba a los ejecutores para largar palabras foráneas). Además de español, italiano, inglés de Manhattan y chino cubano, chapurreaba algunas frases en yidis y francés criollo (una de las lenguas maternas de su padre). Sus lealtades eran poco comunes: no respetaba más festividad que la de san Genaro, que se celebraba hasta el extremo norte de Chinatown y en la que se atiborraba de salchichas y queso fresco.

La novela tiene unas primeras cincuenta páginas antológicas. Creo que poco se ha escrito de ese nivel, lo cual nos lleva a la segunda parte, que flojea un tanto porque mantener semejante despliegue era complicadísimo.

Personalmente hay otras novelas del autor que me parecen más gozosas, no obstante, tengo que alabar siempre a Charyn. Un escritor con mayúsculas, con un mundo propio tan rico y variado que asombra. Leerle es comprar medio billete para viajar a la ciudad de los rascacielos, nada parece igual, toda nuestra realidad es como más cateta, más provinciana, netamente más pequeña, verdaderamente creo que el centro del mundo es aquella ciudad y viajar a ella es perseguir a Isaac Sidel y a otros como él. Es imposible, después de leerle, considerar la ciudad de otra manera. Para finalizar me gustaría advertir a los lectores: sus novelas son muy peculiares, tremendamente personales, puede darse la circunstancia de que no gusten. No pasa nada pero prueben con otra novela suya, tal vez el mejor acercamiento a este autor sea de otra forma, no existe medio de saber cual es la mejor manera de acercarse a un escritor tan poliédrico.

RBA, 2012

Sergio Torrijos


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