Mi último suspiro. Luis Buñuel

Un autorretrato y una forma de ver el mundo que complementa perfectamente su obra cinematográfica

¿Sinceridad o provocación?
Cuando Buñuel se animó a escribir su autobiografía en 1982, un año antes de morir, decidió ser tan iconoclasta y poco complaciente como lo había sido su obra durante muchas décadas; en lugar de unas memorias convencionales y nostálgicas en orden cronológico, Mi último suspiro es una sucesión de anécdotas y reflexiones sin un orden establecido que puede ser abierta y leída desde cualquier página y que se centra más en las experiencias vitales que en las profesionales del director; su sentido del pudor le permite muy pocas concesiones a la hora de hablar de su vida sentimental o familiar, pero sí se explaya más acerca de sus amigos, conocidos, su militancia surrealista o sus exilios mexicano y francés.

Con una ironía muy en consonancia con el tono de sus películas, es difícil saber cuánto hay de sinceridad y cuánto de provocación o ánimo de epatar en muchas de las afirmaciones de Buñuel (por ejemplo, que odia el Guernica de Picasso y que le encantaría quemarlo). Pretendiéndolo o sin pretenderlo, el genio de Calanda consigue innovar en un género a priori tan trillado como el de la autobiografía, plasmando no tanto una enumeración exhaustiva de datos y vivencias como un autorretrato y una forma de ver el mundo que complementa perfectamente su obra cinematográfica.

DeBolsillo, 2003
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José Antonio López (Jalop)
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