Estambul. Joseph Kanon

Alianzas y desconfianzas tras la segunda guerra mundial: los aliados pasan a ser competidores

La masiva belleza de Estambul
Es muy complicado mejorar lo que ya está muy bien hecho, más aún en literatura. De sobra conocemos a algún autor que vive de un único éxito o de un libro interesante. De Kanon llegué a pensar lo mismo. Después de la novela El buen alemán imaginaba que el nivel era demasiado elevado como para superarlo con facilidad. Ayudaba a pensar eso la prensa y la película homónima de la novela, aunque claro, para quién haya leído el libro la película es poco más que un bodrio infumable por mucho que algún actor o actriz lo haga medianamente bien.

Lo cierto y por principio Kanon ha mejorado muchísimo respecto a la anterior obra suya. Estambul es mejor novela que El  buen alemán. La trama es mejor y está más desarrollada, los personajes son más poderosos y el escenario... no tiene parangón, aunque claro, comparar a Berlín en ruinas de 1945 con la masiva belleza de Estambul, pues eso.


tras el conflicto aumentaron las desconfianzas


Lo primero y antes de entrar en materia, la novela me ha parecido muy cercana a otra que reseñamos en breves fechas, La máscara de Dimitrios, cuyo inicio es en la ciudad del Bósforo y el ambiente tiene mucha similitud al ofrecido en esta obra. En aquella reseña hablábamos de los gentleman británicos pues aquí también existe algo parecido, se habla de los “Efendi”, de extranjeros en una ciudad plagada de ellos, aunque más concretamente serían occidentales, en el más amplio sentido de la palabra.

Joseph Kanon nos lleva hasta Estambul

La obra toma como escenario la ciudad ya mencionada y la época que sucede al final de la segunda guerra mundial, territorio acotado del autor, ese espacio temporal que estuvo plagado de alianzas y desconfianzas. Las intrigas no disminuyeron con el fin del conflicto sino que aumentaron. El equilibrio de poder tras la guerra varió bruscamente y los que antes eran aliados pasaban a ser, de pronto, competidores.

La expansión soviética en los Balcanes y en media Europa provocó un seísmo de grandes consecuencias, siendo especialmente sensible Turquía, vecina del enorme poder soviético y situada en un lugar especialmente delicado, a las puertas del Mar Negro. Pero lo que geo-estratégicamente se produjo y que ahora vemos como algo normal, en esos años aún no se vislumbraba. Era otra Europa, en ruinas, con la vergüenza a cuestas por lo ocurrido en todo el continente y con muchísimas heridas por cicatrizar. Lo cierto es que lo que nos introduce en materia es la historia, no de Turquía, sino de un vecino del norte, Rumania:

—Un grupo estupendo. Con bolsitas de tierra rumana colgando del cuello. Pequeñas ceremonias en las que unos y otros beben su sangre. Mis compatriotas. Bueno, para entonces, ya no lo eran. Yo estaba en Palestina. Mi familia me dijo: ¿Cómo puedes ser sionista? Jassy es una ciudad judía. Bueno, lo era. Y yo estaba en Palestina cuando las cosas se pusieron feas para los judíos. El Mossad me mandó a Bucarest, para que los sacara de allí. Al Athénee Palace, todo el mundo en el mismo sitio. Vas a cenar a Capsa y sobornas a alguien, luego vuelves al Palace y sobornas a otra persona. Entonces todavía se podía. Pero ¿cuántos judíos hacen caso? Y entonces Carol se da a la fuga con la Lupescu, su querida... y con el Tesoro. Para ellos, por lo menos, si hubo final feliz. Para nadie más. Ahora Miguel es rey, pero en realidad manda el general Antonescu, el ejército. Y entre tanto, la Guardia de Hierro ha enloquecido. Matando gente, incluso gente del Gobierno. Naturalmente hay progromos, ¿qué si no? Horribles excesos. Al final resulta todo demasiado, incluso para Antonescu. Saca los tanques a la calle: el ejército contra la Guardia de Hierro, fascistas contra fascistas. Pero Hitler prefiere a Antonescu. No está tan loco. Se pone de su parte... 
Así que Antonescu se une al Eje, y el ejército se marcha a invadir Rusia. Un reinado de terror en Odessa: eso lo sabrás por los juicios de este verano. Deportaciones de Besarabia: todos los judíos. Los rumanos establecieron campos de exterminio: los únicos que no fueron gestionados directamente por los alemanes. Creemos que mataron cerca de doscientas mil personas. Todo un record. Mis compatriotas.

La obra se inicia cuando Leon Bauer, expatriado estadounidense, recibe la misión de recoger a un hombre, ocultarlo para luego sacarlo secretamente del país ya que posee información de importancia sobre el aliado/competidor soviético. Lo que ocurre a continuación es una intriga de gran calibre. Espías, asesinos, policías, mujeres bellas y todo ello perfectamente musicado con el trasfondo de la ciudad.

Novela de espías, de las de verdad, nada de escuchar teléfonos o e-mails como ahora se lleva. Otro tiempo y otros medios, aunque el estilo tiene claras concomitancias y lo que en realidad nos encubre es el territorio propio del espionaje:


La primera vez resulta difícil. Pero después es mucho más fácil
—¿Qué?¿Matar a alguien
—No. Traicionarlo. Piensas que no lo podrás hacer. No puedes tragar. —Se llevó la mano a la garganta, en un gesto de estrangulamiento—. Eso fue lo que me pasó a mí, por lo menos. No podía respirar. Pero hay que hacerlo, así que se hace. Y después, es más fácil. Ya lo verá.

La traición. Algo tan mundano como humano.

No estaba nada mal...
De Julio César a Guy Fawkes, por citar a dos de una larga lista de traicionados y traidores. Este es el principal elemento de la trama, adornado, barnizado y expuesto de manera más que correcta, pero el sentido de la traición ronda y colea por toda la novela. Los personajes de la obra viven en ella, sospechan de todos y se mueven en un mundo sombreado en el que todo es inestable y como tal la imagen de la ciudad encuadra perfectamente en lo mostrado, la ciudad en dos continentes, dos orillas opuestas, enfrentadas, dos mundos que intentan convivir de la mejor manera posible. Europa y Asia. Una línea diminuta de agua que las separa y esa separación no muestra nada, no existe salvo por lo que nosotros queramos considerarla.

Antes hablábamos del trabajo del escritor, verdaderamente loable. Aparte del estilo hay que destacar a sus personajes. Asombrosos, tortuosos y admirables. El trabajo del escritor es especialmente brillante en ellos. Terriblemente humanos, deudos de su pasado y al mismo tiempo capaces de adaptarse y reinventarse. Recuerdan a lo mejor del género, a los establecidos por Greene o por Le Carre y sobre todo a Ambler, cuya influencia en esta novela me parece fundamental. El trabajo de Graham Greene con los personajes con trasfondo, que ya presentó Eric Ambler, elevó el tipo de protagonista al uso, los situó por encima de la media con una serie de elementos que los hacían únicos e inimitables. Le Carre tomó ese mismo camino, los hizo especiales, diferentes, sinuosos, poliédricos. Kanon iguala y mejora la apuesta. Si en la anterior novela suya destacaban las mujeres por poseer una gran fuerza interior, ahora el papel de los personajes masculinos crece y crece. Sus piruetas mentales para no traicionarse a sí mismos los hace frágiles pues están siempre cerca de partirse y, lo curioso, es que parecen mucho más duros que los tipos de una sola cara. Lo dúctil del carácter como un elemento más del personaje. Contradictorios y poco decididos aunque por otro lado aventureros y capaces de saltarse las reglas en cualquier momento. Llevados al límite resisten el traqueteo sin pestañear, y eso es muy de agradecer.

Kanon se nos muestra poseedor de un estilo profundamente personal. Recrea momentos y caracteres desde un mundo propio y eso, a veces, encarna cierta dificultad, mejor se verá con un ejemplo:

—Lo sé. Si no hubiese ocurrido esto, si no hubiera pasado aquello. —Hizo una pausa. Conocía a chicas como ella. Todo para la familia. La vajilla buena en Pascua. Mi madre tenía un mantel especial, para una vez al año. Ella era así: una hija. Por eso lo hizo, creo. En alguna parte de su mente creía que estaba salvando a sus padres. Y entonces, la noche que los niños se ahogaron... empezó entonces. Pero no de golpe, ¿te acuerdas? Poco a poco como si fuese apagando las luces. Hasta que la casa quedó a oscuras.

Precisa de cierta meditación para llegar a comprenderlo en su totalidad. Es sumamente indirecto, queriendo mostrar un estereotipo recreado en su mundo y al que a veces, nos cuesta acceder, aunque, y esto tiene muchísimo mérito, lo curioso es que podamos comprenderlo y asumirlo. Ese es el estilo de Kanon, el que ya se mostraba en El buen alemán aún más elevado, llevado al punto más álgido por el autor.

A estas alturas queda claro que la novela me ha encantado.

Sé que es una opinión sumamente personal pero a partir de esa afirmación ya pueden imaginar el resto. Recomendarla es casi una obligación. Me recuerda a las mejores novelas de intriga y de espionaje. Hasta las últimas dos páginas no sabes qué va a ocurrir, las variables finales son tan complicadas que es imposible hacerte una idea aproximada de cómo terminará. Aunque si el final es bueno lo mejor es el desarrollo, ha sido una lectura divertida y enriquecedora, pocas novelas pueden presumir de algo así, y para cerrar la reseña:


—No. Pero mire ahora. Para mí siempre es hermoso. Asia, Europa. —Gesticuló hacia ambos lados. Y Estambul, el puente. Eso dicen ustedes. No nosotros, ustedes. ¿Puente a qué? A algún librote cuentos en su mente, quizá. Bizancio, los otomanos... No la ocupación,  con los barcos británicos ahí mismo. Indicó el mar con un movimiento de la cabeza. La humillación. Nuestros soldados volviendo cubiertos de harapos. No, para ustedes era todo bailarinas y sorbetes. Cuentos. Están ustedes enamorados del pasado. Bueno, puede que también todos nosotros, un poco. Miró a Leon de frente. Nosotros no creemos ser un puente. Pensamos que somos el centro. El mundo solía extenderse desde aquí mismo en todas las direcciones. Durante años. Pero luego empezó a encoger. Poco a poco, y luego todo de golpe. Y ahora solo quedamos nosotros. Turquía. Así que tenemos que conservarla. El oso nos devoraría en cuanto pudiera, es lo que ha pretendido siempre. Y ahora le resultaría tarea fácil. Ya no existe el imperio. ¿Esta ciudad? Un villorrio a trasmano. Alzó la mano, sin admitir objeciones. Eso piensan ellos. Y ustedes también. Aquí ya no hay más que turcos, ¿y a quién le importamos? Así que tenemos que lograr importarles. Hacer que sean nuestros amigos. Nuestros camaradas.

RBA, 2013

Sergio Torrijos
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