Monasterio. Marcial Gala

Gracia, humanidad, humor y una ternura poco habitual

Asesinatos barrocamente rituales
En la cubana ciudad de Cienfuegos, el capitán de la Policía Adonis Monasterio investiga el truculento asesinato del Fuácata, un criminal que parece haber sido ejecutado por un anónimo vengador. Este resulta ser el último de una serie de asesinatos barrocamente rituales, que tiene por víctimas a distintos criminales, y cuyo asesino empieza a ser llamado el Justiciero. El fracaso en las pesquisas llevan a la destitución del gordo Monasterio (cuyo apelativo se debe a que pesa trescientas cincuenta libras), y éste, movido por la humillación y porque en el fondo su vida es de lo más pobre y sin alicientes, se lanza a investigar por su cuenta este rastro de cadáveres. Durante las pesquisas, el gordo Monasterio pasará por muy diversas experiencias como participar en una fiesta de travestis —eso sí, con todos los permisos oficiales en la muy heterosexual y machista Cuba—, o tener que intervenir durante el concierto de rock dado por un decadente grupo inglés en una sociedad tan progresista y revolucionaria. 

La narración está llena de soltura y gracia, pues pese a lo truculento del tema, tiene un tono ligero, que ilumina todo el transcurso del relato. Esto le permite al autor hacer un maravilloso fresco de costumbres y tipos, que, sin olvidar las penurias y lo desesperante de la situación, y con un fino humor e ironía, nos habla de la situación actual de la sociedad cubana, y la encrucijada en la que se encuentra, con un poderoso desencanto por la ineficacia del plan revolucionario, pero que tampoco quiere caer en las garras de un capitalismo alienante. Y lo que en otros autores cubanos suele estar preñado de melancolía y sordidez, en este autor está lleno de gracia, de humor, y de una humanidad y una ternura poco habitual en estos pagos literarios. Y hay que destacar el papel del gordo Monasterio, una magnífica creación, que recoge lo mejor del héroe de novela negra, y que destila por su orondo cuerpo —que será por sí mismo una metáfora contra el discurso oficialista, por el cual estar gordo es contrarrevolucionario por desidia e incapacidad de controlar sus apetitos…—, y que da una lección de inteligencia, perspicacia humana y ternura, en una realidad, donde el sueño de la razón parece haber producido esperpénticos monstruos... Una lectura entretenida y divertida, que resulta un encanto de novela.

Atmósfera literaria, 2013

José María Sánchez Pardo


Publicar un comentario en la entrada