El otoño del comisario Ricciardi. Mauricio De Giovanni

La realidad de la infancia abandonada contada con delicadeza y lirismo

Las páginas más hermosas y terribles
En las escaleras que llevan a Capodimonte, aparece en una lluviosa mañana el cadáver de un niño pequeño, que aparentemente ha fallecido de forma natural, por ser un niño de la calle. Pero el comisario Luigi Alfredo Ricciardi de la Policía de Nápoles, no lo ve claro, y empieza a investigar las circunstancias de la muerte, pese a las reticencias puestas por sus superiores, mucho más interesados en la próxima visita del Duce Mussolini a la ciudad. Las pesquisas a las que se lanza Ricciardi le hacen ahondar en la realidad de la infancia abandonada y a merced de instituciones y personas que pretenden ejercer la beneficencia con ellos. Esta cuarta entrega de las aventuras de este singular comisario napolitano, resulta un desgarrador documento de los niños pobres y abandonados en esa época y muestra los muy diversos intereses que rodeaban la vida de estos desgraciados. Y nos cuenta una de las historias en las que se desvelan algunos de los aspectos más abyectos e ignominiosos de la condición humana. 

Pero todo esto contado con una humanidad, una delicadeza y y un lirismo muy poco habitual en el género, y que nos regala con algunas de las páginas más hermosas y estremecedoras escritas en novela negra. Y todo esto con su singular protagonista, un comisario de policía para el que la calle está más poblada de muertos que de vivos, y que tendrá que enfrentarse a sus sentimientos y a los de algunas de las mujeres que le rodean. Es de destacar como el autor, al igual que en anteriores entregas, sigue haciendo una detallada crónica de la ciudad de Nápoles y sus gentes en los años 30 del anterior siglo, aunque en esta ocasión se va viendo cada día más el peso de la dictadura fascista en la vida cotidiana. Todo esto resulta en una narración hermosísima de muy dura temática, pero que si se está dispuesto, se nos ofrece como una lectura apasionante.

Lumen, 2013

José María Sánchez Pardo
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