El mundo y sus demonios. Carl Sagan

Una vida dedicada a popularizar la ciencia y combatir supercherías y pseudociencias

Comprender nuestro entorno
Fallecido en 1996, Carl Sagan dedicó su vida a intentar sacar la ciencia de la torre de marfil y hacerla accesible al gran público a través de obras de ficción y sobre todo de ensayos. Contact, posteriormente convertida en película de la mano de Robert Zemeckis, es la más conocida de sus novelas, mientras que Cosmos, que dio lugar a una serie de documentales televisivos, es su obra más ambiciosa y monumental de no ficción. Tras haber explicado varias veces los entresijos del universo, en una de sus últimas obras, El mundo y sus demonios (1995), entonó un hermoso canto a las virtudes del pensamiento científico como la mejor medicina contra la intolerancia y la barbarie


la curiosidad científica es algo natural


La civilización va unida al esfuerzo por intentar comprender nuestro entorno luchando contra las ideas de fácil arraigo de la superstición y el pensamiento mágico, que sigue hoy en día presente aunque en formas diferentes respecto al pasado. Sagan analiza capítulo por capítulo las diversas supercherías y pseudociencias que se han popularizado en los últimos tiempos: las abducciones por extraterrestres, la comunicación con los espíritus, los exorcismos... Critica también que los políticos y poderes públicos no sigan ni defiendan los principios del método científico y que los medios de comunicación y de entretenimiento fomenten la credulidad frente al escepticismo; casi cualquier película del género fantástico, donde el escéptico acaba descubriendo al final que está equivocado, prueba lo acertado del análisis que lleva a cabo Sagan. 

No obstante, el autor tampoco olvida la autocrítica ante muchas instancias del mundo científico que parecen encontrarse a gusto en su elitismo y en el desprecio a creyentes y crédulos, dificultando aún más el que la ciencia se acerque al público o viceversa. Sin duda, sus libros, amenos y fáciles de leer aunque rigurosos, predicaron con el ejemplo y nos recordaron que la curiosidad científica es algo natural en el ser humano; en contra de lo que podría parecer a simple vista, es el no interesarse por estas cuestiones lo que constituye una actitud aprendida.

Planeta, 2005
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José Antonio López (Jalop)
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