Ajustes de cuentas

Enero de 2014: Grecia fuera del euro y con el dracma otra vez. Quizá la novela más dolorosa de escribir para Markaris

Parece que Markaris ha publicado ya su trilogía sobre la crisis griega. Sonará a tópico, pero el primero es el mejor. Y, en mi opinión, porque es el más reflexivo. En Con el agua al cuello, Markaris nos da su visión del origen y de los responsables de la crisis. La identificación consumo-dopaje es un gran hallazgo: le permite establecer una metáfora prolongada durante toda la novela y, además, clarifica y hace inteligible cómo pueden y, lo que es más importante, cómo deben repartirse las responsabilidades y dónde hay que buscar a estos responsables. Primer ajuste de cuentas.

En Liquidación final, Markaris pone en la picota a la propia clase dirigente griega. Es decir, no sólo políticos, sino también personas que poseen o detentan, tal como lo define la RAE, el poder, el real, el que afecta directamente a nuestras vidas. Una vez establecidas las responsabilidades, toca señalar directamente a los grandes delincuentes económicos de Grecia, extensibles, por cierto, a muchos otros países. Cómo no empatizar con el «Recaudador Nacional» cuando participamos de esa fantasía que es propinar una gran bofetada (al estilo Orient Exprés de la Christie) a esos grandes defraudadores. Segundo ajuste de cuentas.


¿estado participativo es auxilio social?


Pan, educación, libertad comienza con una novedad: Markaris avanza la acción hasta enero de 2014 con una Grecia fuera del euro y con el dracma otra vez como moneda nacional. La trama es previsible desde muy pronto; algunos personajes, como el de Zisis (antiguo comunista, oráculo de Jaritos y solucionador casi mágico de problemas) o Katerina, la hija del comisario, prototipo de joven comprometida, están al borde del estereotipo. Markaris da voz, aunque sea brevemente y de una manera esquemática, a diferentes generaciones. Para los jóvenes, los culpables son los mayores porque han abusado del estado del bienestar; para los mayores, los culpables son los jóvenes porque han sido una generación consumista y hedonista. Markaris no les carga con la culpa de la crisis, pero sí plantea una mirada cobarde e interesada de todos, todos nosotros, hacia otro lado.

Pienso que Pan, educación, libertad ha debido de ser la más dolorosa de escribir para Markaris. En ella se apunta a las responsabilidades de la izquierda en esta crisis, no sólo la dejación de sus ideales, sino su participación en el gran banquete de la corrupción. ¿Es precisamente esta amargura personal de Markaris lo que hace a esta novela la más floja de la trilogía? ¿No ha podido, no ha querido, no ha sabido profundizar en la colaboración de políticos, intelectuales, sindicalistas u otro tipo de personajes influyentes de ideología progresista en esta gran debacle del estado del bienestar? Curiosamente, y solo como apunte absolutamente subjetivo, la solución que para Markaris —no olvidemos viejo militante comunista— nos puede permitir salir adelante, viene a coincidir con esa expresión estupenda del rey holandés, de un «estado participativo». O sea, volver a la beneficiencia y a la caridad cristiana (solidaridad y oenegés en posmoderno), el estado participativo es al estado del bienestar lo que el auxilio social a la justicia social. Evidentemente, Markaris se refiere a la unidad de todos los ciudadanos para organizarse y ayudarse unos a otros, pero, paradójicamente, en la práctica las dos soluciones se convierten en la misma. Tercer ajuste de cuentas.

Creo que Markaris ha puesto en una posición difícil a Jaritos. Qué pasará en la siguente novela, seguirá en esa Grecia del dracma —es decir, en principio, fuera de la realidad—, qué pasará con Katerina y el nuevo ayudante de Jaritos que se han convertido en auténticos chivos expiatorios. Markaris ha dejado en una posición tan difícil a Jaritos y compañía que nos inquieta su futuro. Salvo, claro está, que la predicción de Markaris se cumpla y el euro se vaya a freír monas.

Lectura recomendada:
Pan, educación, libertad
Tusquets, 2013

Ángeles Salgado
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