El grito enterrado de los muertos. Carlos Pérez Merinero

Su hermano David ha creado el sello «Colección Carlos Pérez Merinero», donde va rescatando los manuscritos inéditos

Zombis y memoria histórica
Decía mi amigo Ion Arretxe que Carlos Pérez Merinero, tan ausente y solitario, ni siquiera haría acto de presencia en su propio entierro. El voyeurismo se convirtió en un leitmotiv para su literatura, y como si fuera un William Irish del Barrio de la Concepción, observaba desde su ventana indiscreta, de la que nacían los argumentos. Siempre nos pedía que le contáramos a quién habíamos visto, qué había pasado en tal acto cultural, en tal rodaje. Nos hacía gracia imaginar que tendríamos que contarle hasta su propio entierro. Pero nos dejó en enero de 2012, y aquello no era parte del juego: estuvo de cuerpo presente y después no nos pudo pedir más explicaciones.

Carlos debutó con Días de guardar en 1981 y publicó un total de doce novelas. Pero como le pasa a todo hijo de vecino, se le acumulaban los manuscritos en el cajón: novelas, guiones de películas que no se han llegado a filmar, libretos teatrales... Por suerte, no tenemos que dar por perdida esa obra, ya que su hermano David ha creado el sello «Colección Carlos Pérez Merinero», con la que va rescatando todos estos títulos desconocidos.


si echas un cadáver, el río te devuelve un zombi


El primer título de la colección, publicado en enero de 2013, es El grito enterrado de los muertos, supuestamente se trata del guion del que surgiría una película de terror llena de humor negro. Digo supuestamente porque ni el propio Carlos confiaba en que este guion, escrito en 2008, llegara a producirse. Por eso, aunque siga la estructura de un guion, dividido en secuencias y lleno de indicaciones, Carlos no duda en introducir todo tipo de reflexiones literarias y digresiones, incluso dirigirse al supuesto realizador, dando por sentado que el guionista ni pincha ni corta, y tendría que gritar mucho para hacerse entender bien.

Curiosamente, El grito enterrado de los muertos juega a mínimos, como si después tuviera que ser producido y no hubiera que pasarse eligiendo demasiadas ubicaciones ni una multitud de secundarios. Casi todo transcurre en un río misterioso, en las excavaciones, en el convento y en el bar del pueblo.

En efecto, Carlos Pérez Merinero, que ya era perro viejo, quiso aportar su granito de arena al cine de zombis pero sin desligarse de su humor más excesivo: un par de aventureras quieren recuperar los muertos de una fosa común —zombis y memoria histórica se dan la mano— porque una leyenda local cuenta que el río tiene su cupo fijo de muertos, y si echas los restos de un cadáver, las aguas del río escupen un zombi. Las monjas no tardarán en sumarse al equipo, ya que quieren recuperar a su Santa. Los lugareños se cabrearán, y con razón, ya que les han llenado el pueblo de muertos vivientes...

De momento, «Colección Carlos Pérez Merinero» ha publicado tres títulos más. Muchas veces Carlos escribía por «hacer manos», y con el paso de los años fue escribiendo, escribiendo, títulos y más títulos que muchos de sus amigos —o por lo menos yo— no conocíamos ni de oídas. Más vale tarde que nunca; al fin podremos disfrutarlos.

Colección Carlos Pérez Merinero, 2013
David G. Panadero
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