Malditos terrícolas. J. Olloqui

Los alienígenas invaden Madrid, y esta novela toma toda su fuerza en el asombroso y adictivo retrato del barrio y de sus gentes

Madrid es imposible!!
Se monta el amigo Olloqui una de invasiones extraterrestres en España y, con sobrada inteligencia, pone a los alienígenas en segundo término, porque el alma mater de esta enloquecida historia son toda una galería de variopintos terrícolas liderados por Ivan Uturría, cuarentón exbatería de un grupo olvidado, que vive su desmoronamiento vital a puñados: su novia le deja, su trabajo le deja, su familia se desentiende, y además los pesados de los extraterrestres invaden la ciudad, convirtiendo cada calle de Madrid en una zona imposible para la supervivencia.

A mí me parece que los marcianos de Olloqui son en realidad un trasunto de la actual clase política, porque no creo que se pueda hacer más daño a la población civil del que nos están causando nuestros propios líderes desde sus naves nodrizas en forma de ministerios. Quizá Olloqui tan solo esté retratando un pequeño pedacito del aquí y del ahora poniendo capas de humor para hacer digestivo este complicado momento, para embellecer con risas esta especie de diario vital. Porque donde esta novela toma toda su fuerza es en el asombroso y adictivo retrato del barrio y de sus gentes. A veces, uno está tan encantado con estos lugares y estos problemas cotidianos que hasta podría permitirse pasar de los marcianos.


bien escrita, con simpatía, desenfado y mala leche

Olloqui: "A mí que me registren"

Iván, ante el caos, inicia un viaje con los únicos colegas que le quedan hacia sus orígenes familiares: el campo. Es graciosa esta inversión que nos propone Olloqui, tan urbanita él, pero de una periferia que no es más que un pequeño apéndice de las gentes del pueblo que se adhirieron a esos exteriores de la ciudad hace años. Y quizá, como anuncia, la seguridad y la salvación esté en volver a los orígenes, emigrar al campo al contrario que hicieron nuestros abuelos. Pero no todo es tan sencillo en esta historia. Ni tan lógico. Y mucho menos, tan serio. Pero sí tiernamente nostálgico, porque tras esta enloquecida comedia, queda un poso reflexivo, en el que este Iván y la sociedad que retrata parecen insistir en sus mismos errores. Ad eternum.  

En resumen, que me ha encantado vivir con estas gentes, te ríes, te preocupas por ellas, viajas, hay acción, peleas… Sin duda, estamos ante la clásica novela refrescante, bien escrita, con simpatía, desenfado y certera mala leche. ¡Así que olvídense de largas sagas, misterios vaticanos, erotismos enfermos, y corran, cómprenla y refrésquense!


NOTA para el señor J. OLLOQUI: Urge otra novela de barrio. Y otra, y otra… 

Ilarión, 2013

Fernando Cámara
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