Literatura del dolor, poética de la bondad. Eugenio Fuentes

Eugenio Fuentes estudia la novela negra con amplitud de miras y sin prejuicios, atento a todo su potencial

Las mejores novelas negras están por llegar
Amplitud de miras es lo que aporta Eugenio Fuentes en este ensayo dedicado al género negro. Quizás sea consciente de que no es el primero en teorizar sobre el género; precisamente por eso se ve obligado a hacer una aportación novedosa, y por eso se marca un objetivo más ambicioso: escapar de las consabidas referencias culturales, enriqueciendo su planteamiento con un enfoque atrevido, que sorprenderá, y seguramente descolocará a los lectores más puristas. En estas páginas conviven los clásicos griegos y el Padre Brown; los romanos y Francisco García Pavón... De hecho, Fuentes considera la novela negra como una manifestación más de una corriente tan antigua como el tiempo, llamada "literatura del dolor".


Ya me atrevo a apuntar —aunque no sin cautela— una hipótesis: desde las primeras obras de los padres del alma occidental, la literatura ha amado la tragedia. Sus relatos han sido más abundantes y vigorosos que los dedicados a provocar sonrisas. La expresión del dolor y la expresión de la felicidad se han disputado la atención del escritor a lo largo de los siglos, pero casi siempre la primera se ha llevado la porción más grande de su tiempo, de su talento y de su inspiración.

Puede que ese dolor se haya trivializado en ocasiones, y que, como señala el autor, el culto que viven ahora los asesinos en serie, visible en tantas novelas y series de televisión, nos haga perder de vista la dimensión trágica de la violencia. Por el contrario, Eugenio Fuentes parece describir la novela negra como la respuesta a una necesidad psicológica atávica.

El hombre narra su sufrimiento para no sucumbir a él, como el niño que en la oscuridad habla en alto para anular el silencio y fingir que no tiene miedo.


no hay jerarquía entre los diferentes géneros literarios


En numerosas ocasiones, Fuentes se atreve a decir —y mantiene su opinión con valentía y coherencia—, que las mejores novelas negras están por llegar. Considera que no pocas veces, el código que impone el género se ha convertido en un corsé que impone un culto agresivo a la acción, descuidándose la humanidad de los personajes, convertidos en meros clichés. Esta opinión no pretende tanto ser una provocación como una apelación a la exigencia por parte de escritores, editores y lectores. No se trata tanto de condenar un género como de considerarlo sin prejuicios, prestando atención a todo su potencial.

Vaya por delante: no creo que pueda establecerse ninguna jerarquía entre los diferentes géneros literarios. Ninguno tiene reservada en exclusiva la expresión de la trascendencia, a ninguno se le ha concedido su propiedad intelectual.

Después de estas interesantes aportaciones teóricas, Eugenio Fuentes se centra en el estudio de cinco grandes personajes que brillan con luz propia: el Padre Brown, de Chesterton; Plinio, de Francisco García Pavón; Méndez, de Francisco González Ledesma; Conde, de Leonardo Padura, y Lisbeth, de Larsson. Terminamos este comentario apuntando otra interesante reflexión, habida cuenta de la facilidad que tiene la cultura mainstream para apropiarse de todos los nichos de mercado y reinterpretar toda suerte de materiales. En palabras de Eugenio Fuentes:

A la postre, en este nuevo siglo, ¿terminará imponiéndose la mezcla de géneros o algún autor genial logrará revitalizar el que nos defina?


Gobierno de Extremadura, 2013
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David G. Panadero
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