Jake Arnott, bajos fondos de Londres (I)


“No me interesa el misterio ni el procedimiento final, sino el crimen en su sentido más amplio y la idea de que vivimos en un mundo corrupto.” —Jake Arnott

Foto: Andy Hall

Jake Arnott desembarcó en España de la mano de la editorial Mondadori y más concretamente de su colección Roja & Negra. Su entrada en escena comenzó con Delitos a largo plazo (2009), se consolidó como referencia de la novela negra con Canciones de Sangre (2010) y concluyó su puesta de largo con Crímenes de película (2011).

El éxito en tierras británicas le aupó a la posibilidad de ampliar su campo de actuación y que su obra se publicara en otros países, donde pudimos saber de sus dotes. La obra de Arnott ha proseguido, pero en lo que a nosotros respecta, lectores en lengua castellana, se ha circunscrito por ahora a esas tres novelas.


un gran fresco sobre el mundo criminal británico


Gran fresco de los bajos fondos

Lo particular de ellas es su venta como trilogía cuando en sentido estricto no lo son. Bien podrían pasar por ella porque más que una labor continuista, las tres novelas forman un collage variado sobre un mismo tema, el mundo criminal británico, más concentrado en Londres. Las tres novelas toman y se prestan protagonistas, personajes secundarios y cómo no, tramas y acciones, no existiendo una única dirección narrativa sino salteada, impregnando las tres novelas de datos que bien pueden ampliar conocimientos desde las otras. Es un gran fresco, compuesto de lugares, personajes y, como no, modas.

Arnott no es autor dócil que se preste a una visión unitaria de la literatura, sino que cambia de estructura y trama conforme cambia de novela, recreando, con mucha libertad, un mundo que conoce, valora y escruta.

Londres, el East End, territorio cockney, mafiosos de medio pelo, matones, buscavidas, tipos violentos y algo mitómanos, inclinados a la violencia y profundamente apegados al territorio, pues son hijos y fruto de él. El personaje principal de las obras, aunque no en todas aparezca, es un mafioso llamado Harry Starks, cuya semblanza fue caracterizada a partir de los famosos hermanos Kray, los dueños de los bajos fondos de la capital británica en las décadas mediadas del siglo pasado. Probablemente la recreación de Starks sea el principal atractivo de las novelas, con una riqueza y untuosidad que simplemente le han colocado en uno de los personajes más trabajados en lo que llevamos de siglo. Es imposible definir a un personaje tan camaleónico, salvo por su gusto y definición por la violencia, su mitomanía y su origen cockney.

El mundo de los bajos fondos de Londres pertenecía a tipos como Starks, provenientes de un proletariado que tuvo que sufrir las iras de la aviación alemana durante la guerra mundial, cubrir puestos en las trincheras de la misma guerra y sufrir la depredación de un capitalismo que se hizo cada vez más salvaje. Un sistema injusto daba seres injustos, sería la primigenia conclusión, cargada de verdad por otro lado, pero al mismo tiempo creaba personajes violentos que comprendían que su vida derivaría por dos caminos, un trabajo extenuante o una vida de riesgos. Los más atrevidos tomaban el segundo camino y Starks fue uno de ellos, por motivos muy variados, desde lo que le influyeron su casa paterna, padre comunista con implicación muy relativa en su hogar, hasta el ambiente que se respiraba en una sociedad tan clasista como la inglesa de mediados del XX. Un vivo ejemplo de ello es la palabra Cockney un apelativo usado en la obra como un adjetivo positivo cuando fue lo contrario, una palabra para indicar la procedencia de quién lo hablaba refiriéndose a su extracción más baja, para así que ya pueden imaginarse el ambiente de procedencia de sus protagonistas.

Tipos como Starks consiguieron medrar en una sociedad que daba pocas opciones y lo hicieron desde las alcantarillas que toda sociedad moderna posee, desde los vicios inconfesables hasta los confesables, intentando sacar partido y ganancia de cualquier debilidad ajena y al mismo tiempo dotarse de un cierto halo de glamour que provenía de una mitomanía muy anglosajona, fruto, sin duda alguna, del reconocimiento social que tanto pretenden en esas sociedades.


Foto: TripAdvisor




Libro recomendado:
Crímenes de película
Jake Arnott
Mondadori, 2011


Sergio Torrijos


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