Realismo negro: crisis


Echo de menos novelas negras que nos cuenten las penalidades que está pasando la clase media para no ahogarse

Echando mano de la crisis

Como la producción de novela negra es ingente, nunca estoy al día. Acabo de poner la tirita antes que la herida. Y la herida es que, en lo que yo conozco, y salvo excepciones tan relevantes como Markaris, la novela negra no está echando mano de la crisis económica actual. Y no sólo hablo de España, sino en general en occidente otra vez escribo sin saber lo que haya por ahí y no esté traducido.

Una buena novela negra no debe ser banal. Que no tiene nada que ver con ser entretenida. Nuestra querida tía Agatha no aburría jamás, pero siempre había una visión de la vida detrás, por muy conservadora que nos pueda llegar a parecer ahora. En el otro extremo están esas densas y neblinosas novelas nórdicas que pretenden estar cargadas de personajes atormentados y son sólo pedruscos de granizo que se deshacen en las manos.


la situación actual más que para metáforas, está para hipérboles


El género negro siempre ha servido para denunciar la injusticia social, el abuso de autoridad, los mecanismos del poder en general. De Chandler al día de hoy. En mi opinión, ha resultado más eficaz en estas denuncias que el denominado realismo social. Incluso la novela española más emblemática de este género narrativo, Tiempo de silencio, narra también la comisión de un delito y las cuitas del autor para no ser descubierto, dentro del ambiente asfixiante de la dictadura, espléndidamente reflejado.

Pero el realismo social fue derivando hacia un cierto experimentalismo que lo alejó de un acceso mayoritario a sus obras. La novela negra, tan “popular”, ocupó, sobre todo en el tardofranquismo y la transición, este espacio mayoritario del que la literatura “de calidad” había optado por alejarse.

Por eso echo de menos novelas negras que nos cuenten, con la excusa de algún asesinato, las penalidades que está pasando la clase media para no ahogarse en este mar de terrorismo económico-especulativo en el que nos han sumergido unos cuantos ludópatas avariciosos (véase Inside job, que habría de ser de visión obligatoria en toda escuela de negocios).

Tengo la impresión de que la racha de sádicos asesinos en serie que domina la novela policíaca actual no es más que uno de los modos de escapismo de la realidad. Sustituimos a nuestro querido detective comprometido y, por ello, un poquito amargado, por una colección de forenses de diversas especialidades, asépticos y, en general, bastante aburridos. Sustituimos la calle por el laboratorio. El otro modo de escapar de una realidad cruel que atenaza a millones de personas es ambientar las novelas en épocas pasadas, algunas de ellas con la coartada de servir de metáforas de la situación actual. Pero la situación actual más que para metáforas, está para hipérboles, porque toda ella es una exageración.

Lectura recomendada:
Con el agua al cuelloPetros Markaris
Tusquets, 2013

Ángeles Salgado


Publicar un comentario en la entrada