Policías en el cine, séptima entrega: Nuevas perspectivas



El cine independiente de las últimas décadas da una imagen nueva del policía. Cineastas como el español Pedro Costa, Bertrand Tavernier, Abel Ferrara. Parece que ninguno habla de oídas…

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Sinceridad y conocimiento de causa

Como no podía ser de otra manera, es el cine independiente el que nos ha ofrecido un retrato más arriesgado de las fuerzas de seguridad. Destaca El caso Almería (1983), de Pedro Costa, película que relata el asesinato de un grupo de jóvenes que son tomados por etarras a manos de la Guardia Civil. Este film supuso un escándalo en su época, máxime por estar basado en un hecho real, y automáticamente pasaría a ser una película de culto, que Televisión Española se negaría a emitir.

Del prestigioso cineasta Bertrand Tavernier nos llegaría Ley 627 (1992), otra película de fuerte base documental, que refleja la marginalidad, la prostitución y la vida de los inmigrantes en París. Pese a lo convincente y sincero de su tono, acaba siendo insatisfactoria debido a su indefinición argumental, cierto aire reiterativo y una duración a todas luces excesiva.  


gracias al 16mm, Teniente Corrupto tiene una gran viveza


Y el cine independiente americano nos traería una de las más elocuentes imágenes de la policía con Teniente corrupto (1992), de Abel Ferrara. Este cineasta italo-americano ha seguido de cerca la carrera de colegas suyos, como Martin Scorsese, Brian De Palma o Paul Schrader. Y al igual que éstos, nos ofrece un cine muy marcado por la religiosidad, la idea de la redención, plasmada con fuertes estallidos de violencia.

Un excelente Harvey Keitel protagoniza la cinta, es el Teniente, un politoxicómano que vive enganchado a las apuestas y al béisbol. Cuando tope con el caso de una monja brutalmente violada encontrará un sentido a su vida; intentará redimirse vengando a esta mujer.





Mirada a fondo, la película plantea un argumento irregular, con no pocos puntos muertos. Y es precisamente esa dispersión, esa confusión, la que otorga una densidad, una textura de pesadilla a la película. Pero lo que la hace fascinante es su estética documental, en parte debida a la imagen rodada en 16mm, que aporta un granulado feísta, dotando de gran viveza a la narración. Y sobre todo, Teniente corrupto posee ese magnetismo porque está contada con sinceridad y conocimiento de causa. Uno tiene la sensación de que Abel Ferrara no nos habla de oídas, que conoce a fondo esos submundos delictivos que nos muestra…


FIN


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