Merlín e familia. Álvaro Cunquero



¿Se conformó Merlín con retirarse en una catacumba por los siglos de los siglos? Álvaro Cunqueiro piensa que no... 

Mary Poppins de una panda de niñatos

Es más que probable que ustedes, devotos parroquianos de esta revista, leídos y escribidos todos, tengan sus deberes hechos desde tiempo ha, y hayan digerido, asimilado e interiorizado ese personaje mítico de la cultura occidental que responde por Merlín bien, sea a través de la sesuda lectura en gaélico original de la Historia de los Reyes de Inglaterra de Geoffrey de Monmouth, o tal vez se hayan conformado sensatamente viendo Merlín el Encantador de Walt Disney, la muy kitsch Camelot, o quizás la desmesurada Excalibur.

Así que les presumo jóvenes/as sobradamente preparados como para dejar caer en sus conversaciones de barra de bar, la cola del “Día” y la espera del INEM, sus reflexiones sobre el arquetipo diabólico, Merlín, que despliega influencias telúricas e inserta sabrosuras demoníacas en la tradición cristiana sobre la refundación de la ontología sinérgica y tal y tal...  

Bueno, a lo que iba, ya que estamos entre colegas, a ver, ¿no se han parado a pensar que el tipo más sabio de este lado del Misisipi el susodicho Merlín se conformó con pasar a la Historia como una especie de Mary Poppins de una panda de niñatos? Que no son otra cosa el pichabrava de Lancelot, el miramelindo de Gawain, el beatorro de Galahad, el zorrón trompetero de Ginebra, la ciclotímica de Isolda...


vicisitudes del mago en Galicia


No cuadra ¿verdad? Ni encaja que a este sabio le sobreviniese una pasión senil léase, encoñamiento por una tal Numué, wenorra léase Ninfa del Lago y que, mortificado, se sepultase voluntariamente en las catacumbas por los siglos de los siglos, amén.

Y es que toda esta leyenda tiene el tufazo a tapadera para quedar bien propagada por los Jiménez y los Losantos de la época léase juglares y trovadorespara salvar los muebles y no reconocer que una vez se le hincharon las pelotas a Merlín, mandó a tomar por culo a la gloria y los fastos del “por siempre jamás” y al gilipollas de Arturito y su piara de cursis, y se largó a vivir, forever and ever, al castillo de Miranda en la selva de Esmelle (léase Mondoñedo, Lugo) para iniciar una vida sensata, razonable y muy, pero que muy, disfrutable.

Fiénse de mí. Fue un tal Felipe de Amancia, criado y barquero, quien narró las vicisitudes del mago en suelo gallego, y ese manuscrito llegó a manos de Álvaro Cunquiero, un paisano de la zona, quien en 1955 y en 1957 tradujo al gallego y castellano las veraces remembranzas del citado Felipe y los dio a la imprenta con el título de Merlín e familia.

El libro recoge anécdotas reales y sucedidos como las tribulaciones de una princesa amparada en las varillas de un canónigo de Aviñon, cómo perdió la Dama Calielía el amor de Don Michaelis en el desierto, el garbeo de Don Hamlet sí, ese por tierras galaicas, el drama de los demonios ahorcados en perales... y aún más, ocioso sería hacer una relación de los auténticos prodigios que se narran en las páginas de este excepcional relato; donde esté una taza de Albariño que le vayan dando al Santo Grial.

Y ya acabo. Dejo dicho Cunqueiro: “Mi inmortalidad, mi felicidad la cifro en que un día, en el año 2500, sobre la tierra haya un hombre que lea un anónimo llamado Merlín. Y no asomaré el hocico para protestar”

Aún estamos en el año 2013. Aún están a tiempo de darle el gustazo, allá donde esté, al grande, al enorme Álvaro Cunqueiro.

Háganme caso, que saldrán ganando.

Pues eso.

Galaxia, 2004
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Luis de Luis


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