Cuestión de atmósfera


...es que la atmósfera creada en las mejores novelas negras es muy similar a la de muchas historias del Romanticismo: fatalismo, niebla, angustia, noche, callejones, lugares solitarios...
                                   
A mi G-8, por incondicional

Cierta medianoche aciaga, cuando con la mente cansada...

Un amigo decía que la dignidad estaba sobrevalorada. Quizá. Y quizá la intuición esté infravalorada. Es «acientífica» y, además, una cualidad considerada fundamentalmente femenina. La intuición me decía, me insinuaba que los protagonistas de novela negra eran unos personajes que podrían haber habitado los castillos góticos de Ann Radcliffe o haber paseado por los desolados páramos de las Brönte. El libro de Óscar Urra, Cómo escribir una novela negra ha supuesto un gran alivio para mí. En su estupendo libro Urra admite sin reservas que la novela negra es una de las más fructíferas ramas del Romanticismo y establece una serie de paralelismos con los que estoy completamente de acuerdo.


Chandler concibió a Marlowe
 como un urbano caballero andante


Los tormentos, el destino fatal e ineludible, las angustias existenciales de muchos personajes de novela negra, fundamentalmente clásica o de raigambre clásica, comparten un aire de familia con el señor Rochester de Jane Eyre o el Heathcliff de Cumbres Borrascosas. Y sin irnos tan lejos, con algunos de los personajes de las Leyendas de Bécquer, en las que incluso encontramos algún ejemplo de femme fatale, de carne y hueso o en versión ectoplasma.

Habitualmente se enlaza el nacimiento de la novela negra con el auge del racionalismo y el positivismo del siglo XIX. Pero ¿nadie encuentra sospechoso que se afirme esto y a renglón seguido se admita sin discusión que Poe fue el gran precursor de la novela negra? Y ¿hay algo más romántico que los relatos de Poe, incluidos los de Auguste Dupin? ¿Podemos imaginar presencia más inquientante que la del asesino de la calle Morgue?

Porque no sólo los personajes negros tienen un aura romántica, es que la atmósfera creada en las mejores novelas de nuestro género favorito es muy similar a la de muchas historias del Romanticismo: fatalismo, niebla, angustia, ambientes oscuros, noche, callejones, pasadizos, lugares solitarios...

P.D. James en Todo lo que sé sobre novela negra reconoce a Poe como uno de los fundadores del género, pero lo hace porque éste «introdujo los mecanismos narrativos que después se repetirían en las historias de detectives de los inicios». Sin embargo, todos recordamos, por citar al clásico por excelencia del género, las envolventes atmósferas de los relatos de Sherlock Holmes, aquellos visitantes nocturnos y rodeados de bruma del 221B de Baker Street. Pienso que es Chesterton el primero que habla de ambiente y poesía en el relato de detectives de su época y defiende que un relato detectivesco ha de contener filosofía y poesía suficiente para crear el ámbito en que se mueva la investigación.

Lo esencial, creo yo, radica precisamente en la atmósfera. Cuando Matt Scudder recorre las calles de Nueva York de noche buscando un local abierto de alcohólicos anónimos, nos encontramos invadidos por el mismo espíritu que cuando Holmes oye repiquetear sus pasos en el Londres victoriano. Y cuando Erlendur por favor, no confundir con otras u otros nórdicos de voz impostada, decadentes, prefabricados para vender deambula por la gélida Rejkiavik no sentimos demasiado alejado a Rochester, con ganas de una segunda oportunidad, pero con sus fantasmas del castillo o sus cadáveres en el armario. No es más que el tormento de dos almas castigadas por su pasado.

Chandler concibió a Marlowe como un contemporáneo y urbano caballero andante ¿Existe algo más romántico que Marlowe: su vagar por las calles, su enfrentamiento constante con la autoridad, su incapacidad de amar y ser amado? Todo en Marlowe es una atmósfera. He dejado por imposible la trama de El sueño eterno, pero su atmósfera de un sino dominado por alguna fuerza incontrolable y de una incurable soledad, me acompaña cada vez que me acerco a sus páginas.

Lectura recomendada:
Cómo escribir una novela negra
Óscar Urra
Fragua, 2013

                                                                       Ángeles Salgado
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