Como escribir una novela negra. Óscar Urra (II)



Óscar Urra desempolva lucidez y sentido común para, con la ceja arqueada y el boli afilado, escribir un ensayo en el que separa los gatos de las liebres

Personajes, ambiente, drama y acción

Y mira tú por donde que ya iba siendo hora cuando va Óscar Urra y sienta los reales, aprieta los dientes. Afila los redaños y atornilla las zapatillas en la arena y escribe, de una puta vez que ya estaba haciendo falta, Como escribir una novela negra, un texto necesario y lúcido que ojalá sirva de aviso para navegantes, cuaderno de bitácora y manual de guardia para todos los descerebrados, orates e iluminados que pululamos por estos mundillos deambulando como autores ¡ay!; críticos ¡ay! ¡ay! y, los más peligrosos, los lectores ¡ay! ¡Ay!¡ ¡AY! que somos poco más que ganado, pelotón gregario y masa vulnerable, siempre proclives a dejarnos engatusar por becarios del marketing que, una y otra y otra vez, nos manipulan con cantos de sirena, oasis en el desierto y cuentos chinos, vendiéndonos continuamente, con cadencia semanal, la misma novela aparatosa, efectista y banal como la última maravilla del milenio, la rueda reinventada, el carajo de la vela y la polla en vinagre sin la cual nuestras vidas no volverán a ser la misma.


desmonta sagrados principios:
realismo forever and ever


Y te estaba contando que, mira tú por donde, va Óscar Urra y con su serenidad proverbial, flema característica y prosa de rigor azuza su talento, espolea su capacidad de análisis, exhibe su conocimiento y, sobre todo, desempolva lucidez y sentido común para, con la ceja arqueada y el boli afilado, escribir un ensayo en el que separa los gatos de las liebres, el humo de las pajas y los pitos de las flautas.

Urra asume los tópicos y características del género para, a continuación, exigir rigor y excelencia en las cuatro vigas fundacionales personajes, ambiente, drama y acción de toda novela analizando y desmenuzando con brío, ingenio y entusiasmo ejemplos varios e imaginativamente escogidos que van desde una mera frase de Juan Benet, una “viñeta” de Chesterton, una reflexión de Chandler o un “anodino” comienzo de Chester Himes al “descuartizamiento”, capítulo a capítulo y sin cuartel, piedad o desdén de la inmortal 1280 almas, sin dejarse nada en el tintero.

Y es que este libro, ya se ha dicho, es muy respetuoso con nosotros, la casta perezosa y presuntuosa de los lectoreslo que no significa que sea complaciente o acomodaticio tanto que, entre otros muchos, nos hace el favor de desmontar los sagrados principios y valores del “realismo forever and ever” y del “todo vale si entretiene” a los que nos acogemos para justificar los truños que nos tragamos. Ya puestos y como quien no quiere la cosa, Urra nos enseña a leer, que buena falta nos hace y hasta nos puede venir bien para adquirir un cierto criterio que nos sirva para empezar a disfrutar leyendo y no, como hasta ahora, poniendo la vista sobre la página.

Todo está en que le hagamos caso, que nosotros, los lectores, somos muy nuestros, y como no hay peor sordo que el que no quiere ver, ni mejor ciego que el que no quiere oír, dejemos pasar este excepcional ensayo en favor de las “50 sombras más de Lisbeth Grijander” de turno, que será, por otra parte, lo que a buen seguro haremos. Yo, por lo pronto, ya he reservado mi ejemplar. De las “Sombras”, claro está.

¡No va a ser del libro de Urra!


Para leer comentario 
de Panadero, click

Fragua, 2013


Luis de Luis



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