Cine negro español: Las horas del día (2003)


El protagonista gris y aburrido va revelando una naturaleza inquietante; su charla indolente y en apariencia trivial está llena de malicia y de insidias

Los crímenes se muestran con frialdad

El principal atractivo o, según se mire, la gran limitación de la opera prima de Jaime Rosales es su naturaleza paradójica de ser una película sobre un asesino en serie que no trata sobre un asesino en serie. El film consiste en una sucesión de escenas rodadas mediante planos secuencia con cámara fija que muestran la vida cotidiana de su protagonista, Abel (Álex Brendemühl), un personaje en principio átono y gris, que habla con su madre, con su novia, con sus amigos… y que cuando tiene ocasión mata a personas desconocidas. Los crímenes se muestran con la misma frialdad que las otras secuencias y después de cada uno de ellos vuelve a sucederse la rutina; no existen detalles morbosos, ni sangre, ni policías, ni investigación, ni ningún intento de explicar los asesinatos desde la psicología ni desde la sociología, de justificar al personaje ni de juzgarlo, ni de ofrecer tampoco un discurso real o pretendido sobre la violencia audiovisual.


cine español 
diferente y arriesgado


Si la intención de Rosales es romper con todas las maneras habidas hasta la fecha de abordar un tema tan trillado y explotado como el de los asesinos en serie y plantear una nueva propuesta narrativa, desde luego lo consigue. Pero si pretende que el espectador ignorante de lo que va a ocurrir piense que está viendo un film naturalista al borde del docudrama y se quede desconcertado ante los crímenes, es muy ingenuo pensar que la prensa o cualquier medio de difusión que pueda tener la película no habrá puesto en guardia al público de antemano. El inconveniente de Las horas del día es que quien quiera pensar mal podrá argumentar con cierta razón que las secuencias violentas acaban siendo una forma un tanto facilona de compensar el estilo de planos fijos seco y sin concesiones del director y de camuflar bajo un ropaje de género una película en la que de otra forma parecería que no pasa nada. Cuando en realidad sí que pasa y la narración no necesita de la violencia para tener una entidad; lo más interesante del film es que las escenas que en teoría son anodinas y parece que sólo sirven para buscar el contraste con los asesinatos van más allá. El protagonista gris y aburrido con su vida normal y monótona, conforme va avanzando el metraje, va revelando una naturaleza inquietante; su charla indolente y en apariencia trivial está llena de malicia y de insidias, al principio sutiles, pero que se van transformando en ataques cada vez más directos e hirientes a sus diversos interlocutores. 




Desde su apariencia de mosquita muerta, Abel es un psicópata cotidiano y reconocible que disfruta haciendo daño de una manera cobarde. Los asesinatos, en cambio, pese al insólito estilo narrativo que se emplea, acaban acercándolo al psicópata peliculero y reincidiendo en la idea peliculera de asociar trastorno de la personalidad con crimen. Probablemente no se trate de una búsqueda de la comercialidad; de haberlo sido, su director habría aprovechado el inesperado Goya obtenido por su segunda película, La soledad, para iniciar una carrera de éxito en lugar de volver al anonimato con una tercera obra de nuevo difícil, Tiro en la cabeza. Su opera prima, aunque puede ser decepcionante o discutible desde un prisma de cine de género, muestra que existe cine español diferente y arriesgado más allá de la comedia y de la adaptación literaria.


José Antonio López (Jalop)



España, 2003. Director: Jaime Rosales. Guión: Enric Rufas y Jaime Rosales. Fotografía: Óscar Durán. Intérpretes: Álex Brandemühl, Ágata Roca, María Antonia Martínez y Vicente Romero.

Esta crítica de Las horas del día forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.


Publicar un comentario en la entrada