Cine negro español: La Comunidad (2000)


Álex de la Iglesia retrata un vecindario con terror y humor negro, entre la caricatura esperpéntica y la tensión creciente

La vida vecinal puede ser tenebrosa

Clasificar esta película como cine negro resulta algo bastante aventurado. Sí que podemos considerarla, sin mucho temor a errar, como una gran pieza cinematográfica en la que se conjugan el terror y el humor negro, hilvanados mediante un contexto memorable en su fusión del costumbrismo siniestro. Tampoco deberíamos dudar de que estemos ante el mejor filme de Alex de la Iglesia, sublimando los prometedores comienzos de El día de la Bestia (1995), aproximándose de forma simpática al género como en Crimen Ferpecto (2004) y muy lejos de caer en absurdeces como Balada triste de trompeta (2010).


ambientes familiares vistos 
con la comicidad más oscura


El tema de lo ominoso, inquietante o directamente terrorífico en torno a las comunidades de vecinos ya había sido tratado con anterioridad. Hacinados en los diferentes pisos de un mismo edificio y en muchas ocasiones obligados a un cierto grado de convivencia, es obvio que la mecánica vecinal resulta proclive al sustrato de lo tenebroso. Las incursiones en el tema pueden ir desde el progresivo camino a la locura y la autodestrucción psicológica, desencadenada por un entorno en el que el apartamento se convierte en una trampa grotesca, como vemos en El quimérico inquilino (Le locataire chimerique, novela de Roland Topor adaptada al cine en 1976 por Polanski), o bien directamente por la monstruosa plaga de vecinos zombies que nos ofrecen Balagueró y Plaza en REC (2007). En cualquier caso, el planteamiento de Alex de la Iglesia en La Comunidad se adscribe a esta misma mecánica del horror en el que desembocan situaciones y ambientes familiares en su transmutación al ámbito del sórdido y atroz poso de la naturaleza humana, siempre estructurado sin perder de vista la comicidad más oscura.




Una comunidad de apariencia relativamente habitual esconde a un núcleo de vecinos al acecho para apoderarse del dinero de un inquilino que acaba de morir, en este caso un anciano decrépito que triunfó tiempo atrás en las quinielas. Bajo el engañoso justificante del “bien común”, en un clima de anhelo carroñero en el que los integrantes de la comunidad llevan veinte años esperando para repartirse el dinero a la muerte del viejo, la irrupción del personaje de Julia interpretado por Carmen Maura supondrá el desencadenante de la narración. Así, pronto el entorno opresivo del edificio y sus pisos y descansillos será testigo de unos acontecimientos que, fluctuando entre la caricatura esperpéntica y la tensión creciente que transmite ese entorno lleno de monstruos para el que no hay salida posible, desembocan en el crimen que resulta anecdótico frente a la dosificación del ritmo y el humor de que hace gala la historia. Encauzada la trama mediante una mecánica narrativa impecablemente progresiva que nada tiene que envidiar a algunas de las obras de Hitchcock, el poso cómico de los lugares comunes hispánicos proporciona al espectador la percepción de una totalidad cinematográfica propia, auxiliado el director en esta ocasión por un reparto más que idóneo en el que sobresalen Emilio Gutiérrez Caba y la enorme Terele Pavez.


J.F. Pastor Pàris


España, 2000. Director: Álex de la Iglesia. Guión: Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Fotografía: Kiko de la Rica. Música: Roque Baños. Intérpretes: Carmen Maura, Jesús Bonilla, Emilio Gutiérrez Caba y Sancho Gracia.

Esta crítica de La Comunidad forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.

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