Tras los límites de lo real. David Roas

Roas define lo fantástico, y casi sin darse cuenta, ofrece una Historia de la literatura Fantástica, recorriendo sus hitos fundamentales


Nuestro mundo no funciona
como creemos


Llevaba muchos años, casi desde mi más tierna infancia, conviviendo con monstruos. Tendría los 10 recién cumplidos cuando leí El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. Es muy posible que a tan temprana edad, no comprendiera todas las implicaciones de la novela de Stevenson, pero lo cierto es que me impresionó, y sin saber porqué, la incorporé de inmediato a mi mitología privada.


¿de dónde nace el miedo?


Seguirían más años y más monstruos, creciendo exponencialmente conforme pasaban los años —turbulentos, llenos de cambios, búsquedas y preguntas sin respuesta de mi adolescencia. El gabinete del doctor Caligari, Frankenstein, La mujer pantera, ese atípico vecindario de La semilla del diablo... Debo confesar que me gustaban —me gustan— los monstruos, y que en ellos encontré los compañeros de juegos ideales, sobre todo porque yo nunca cuestionaba sus peculiaridades, así como ellos pasaban por alto las mías. Eran, son, una buena compañía. Puedo decir que esa pasión juvenil por los monstruos se confirma en la vida adulta, eso sí, matizada, más reflexiva, quizás menos espontánea...

Pero recientemente David Roas, profesor de la UAB, me ha hecho reparar en algo que nunca tuve en cuenta. Gracias a su ensayo Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico me ha hecho ver que esos monstruos que me acompañan desde hace tanto tiempo, eran en realidad unos perfectos desconocidos, que van dejando de serlo según asimilo las reflexiones derivadas de estas páginas.

Tras los límites de lo real ofrece, por tanto, un telón de fondo a la vez que articula una teoría sólida sobre lo fantástico. Y además, quizás involuntariamente, ofrece una intuitiva Historia de la literatura Fantástica, recorriendo sus hitos fundamentales, deteniéndose en sus tendencias más significativas. Tal empeño tiene el mérito añadido de la concisión: en menos de 200 páginas, Roas abre y cierra unos cuantos debates sin perder en ningún momento la visión de conjunto de su ensayo, y manteniendo un tono ameno y divulgativo, que nos invita a seguir leyendo.

La última palabra la tiene el libro, pero me atreveré a entresacar algunas de las ideas más llamativas: en las novelas góticas fundaciones de Ann Radcliffe imperaba lo "fantástico explicado", pues los misterios solían concluir con explicaciones racionalistas; Edgar Allan Poe debe su prestigio a una descripción cientifista de los mecanismos mentales del miedo —y en esto Roas hace mucho hincapié: aunque pueda resultar paradójico, la emoción del miedo ha de surgir de la realidad, o, cuando menos, ha de resultar tremendamente verosímil—; en la posmodernidad, cuando la literatura se pliega sobre sí misma para volverse autorreferencial, y la realidad pasa a cuarto plano, ¿cómo podemos violentar esa realidad? ¿De dónde nace el miedo?

Respecto al miedo en la sociedad actual, reproduzco un párrafo del ensayo:

Quizás la diferencia esencial entre lo fantástico del siglo XIX y lo fantástico contemporáneo podría expresarse de este modo: lo que caracteriza a este último es la irrupción de lo anormal en un mundo en apariencia normal, pero no para demostrar la evidencia de lo sobrenatural, sino para postular la posible anormalidad de la realidad, para revelar que nuestro mundo no funciona como creíamos.

Tras los límites de lo real concluye con "Una muestra: los nuevos fantásticos españoles", destacando el trabajo de algunos autores como Fernando Iwasaki, Ángel Olgoso, Manuel Moyano, David Roas, Félix J. Palma, Care Santos, Ignacio Ferrando, Jon Bilbao y Juan Jacinto Muñoz Rengel, entre otros.

Despido este texto retomando a mis viejos compañeros, los monstruos, a los que ahora conozco mejor gracias al libro de David Roas. Y saco en conclusión que esa patulea de monstruos ya no es capaz de asustar ni a los niños. Los han convertido en peluche, en camiseta, en mascota... Hasta la película infantil Hotel Transilvania los reunía a todos ellos, y se les veía en horas bajas... Y también saco en claro de la lectura de Roas que, en los tiempos que corren, lo fantástico corresponde más a una forma de expresarse, a una mirada del autor, a una forma singular de ver la realidad. Para sorprender al lector, que ya lleva encima unas cuantas lecturas, y sacarle de la rutina, evitando la temida sensación de "ya visto", el escritor de género ha de tener más recursos e inventiva que Scherezade, que ya es decir.

Páginas de Espuma, 2011
David G. Panadero
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