Los hombres mojados no temen la lluvia. Juan Madrid

Juan Madrid escribe con mayor distanciamiento, encadenando referencias culturales, retratando una ciudad que cada vez le resulta más extraña


Uno contra todos

Cuando a principios de 2003 tuve ocasión de entrevistarme con Juan Madrid, me dijo una frase que me contaría trabajo olvidar: "La ciudad se ha convertido en postmoderna, y yo, no". Sirvan estas palabras para evidenciar el paulatino distanciamiento del escritor con respecto a la ciudad que ha servido de excusa para tantas de sus novelas. Si Un beso de amigo (1980) presentaba un fresco vivo y vibrante de las calles de Madrid, legando un testimonio directo valiosísimo, y Días contados (1993) ofrecía una mirada analítica, marcada por el escepticismo, Los hombres mojados no temen a la lluvia (2013) se presenta como una obra crepuscular, que retrata una ciudad inabarcable, que el paso del tiempo ha vuelto casi irreconocible. No faltan en estas páginas momentos para la nostalgia. Botón de muestra:

La Tienda de Vinos era una reliquia, un lugar fresco y tranquilo con mesas de madera y manteles a cuadros rojos y blancos. La comida era casera, elaborada por la madre del dueño, un joven al que Delforo llamaba Angelito, hijo de su amigo Ángel, muerto de un fulminante infarto años atrás.

El protagonista de Los hombres mojados... es Liberto Ruano, un abogado de medio pelo que sale adelante gracias a su soledad: no tiene familia a la que mantener, aunque anda enredado con una... Liberto nos es presentado como un rebelde más, como el célebre Toni Romano, por lo que pensamos que podría ser otra de las máscaras que Juan Madrid utiliza para contarnos de viva voz sus historias. Además, Liberto es un nostálgico y un sentimental, de los que disfrutan con las cosas hechas "a la vieja usanza": no tiene coche ni teléfono móvil, y poca gente sabe donde vive. Porque su casa viene a ser un refugio autohipnótico que le devuelve a tiempos más sencillos. Vive donde vivieron sus abuelos, y ni se ha molestado en quitar los pesados tapices, ni cambiar los muebles de oscura madera.


relaciones de poder bajo
 apariencia de falsa normalidad


El macguffin que dispara la trama es un DVD que ha caído en manos de una prostituta. Imágenes comprometedoras que acabarían con la reputación de grandes hombres de empresa. El poderoso Aristos Méndez contrata a Liberto Ruano para que cierre el asunto, pero la solución al caso parece alejarse cada vez más del investigador, que se ve envuelto en una trama confusa y bizarra, que es, digamos, la excusa para presentar personajes y ambientes con prosa estilizada. Y por momentos, el autor parece entregarse al "más difícil todavía" en lugar de seguir los pasos del argumento.

Los tiempos cambian, y Madrid, la ciudad, con ellos. Pero cuanto más cambia todo, más sigue igual: Los hombres mojados no temen a la lluvia ofrece un telón de fondo muy similar al de otras novelas de Juan Madrid. Que no es otro que exponer las relaciones de poder, y cómo se enmascaran bajo una apariencia de falsa normalidad. Será Liberto Ruano quien vaya desvelando las intrigas de los poderosos, en una lucha de "uno contra todos" en la que, desde el principio, sabemos quién va a perder y quién va a ganar. Añadamos un factor más a la ecuación: ahora el crimen y el poder se han globalizado, y los bajos fondos y los despachos acristalados de Madrid están cada vez más cerca de la mafia calabresa...

A lo largo de estas páginas late una fuerte tensión sexual, que no siempre —casi nunca— se encauza de forma sana: abundan los malos tratos, la dominación, la violencia, y también la castración. Porque los poderosos castran a los disidentes, de forma metafórica y a veces también de forma literal. Liberto Ruano se dejará jirones de piel en el camino...

Estamos ante la obra de un escritor maduro, que aún cultivando el thriller, se permite numerosas digresiones, reflexiones, apuntes y notas al margen. Muchas veces para reflexionar sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Y cita a Lacan, a Engels, a Nabokov... Volvamos a aquella entrevista realizada en 2003. Juan Madrid me dijo "Me he hecho más viejo, pero no más sabio". Y quizás desde su vejez, el autor escriba con mayor distanciamiento, jugando a encadenar referencias culturales, ofreciendo un testimonio sobre una ciudad que cada vez le resulta más extraña.

Alianza, 2013
David G. Panadero
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