Cine negro español: Un verano para matar (1972)


Persecuciones a cuatro y dos ruedas dignas del mejor Bond, sexo, fiambres y mucho plomo


El desvergonzado espíritu
de los setenta


En el mucho más tumultuoso de lo que suele admitir panorama cinematográfico español de los años sesenta y setenta, Antonio Isasi-Isasmendi fue una isla. Como lo fue, a su manera, y salvando las lógicas y anárquicas distancias, el primer Jesús Franco. Isasi-Isasmendi, catalán de adopción, encarna en nuestra cinematografía el prototipo de hombre de industria hecho por la industria, en el mejor sentido de la palabra. El artesano que nunca pierde al público de vista y uno de los pocos cineastas alejados de la exploitation tipo Profilmes que realmente se preocupó por hacer un cine popular de género en España. También lo que él hizo coqueteó con la exploitation en películas como La máscara de Scaramouche (1963), Estambul 65 (1965) o Las Vegas, 500 millones (1967), pero, a diferencia de la escuela de horror capitaneada por Pérez Giner y los suyos, o, antes, por ciertos (no todos) los westerns que se rodaron en la península, la referencia de Isasi-Isasmendi en su vertiente policíaca no es tanto el canónico modelo norteamericano del Hollywood clásico como a) la relectura que de este mismo modelo hace el cine noir europeo de los años sesenta y setenta particularmente la escuelas italianas y francesas y b) el nuevo, sucio y reaccionario cine policíaco estadounidense de las mismas décadas, con Walter Hill, Friedkin o Don Siegel a la cabeza.


la amoralidad llevada
 a sus últimas consecuencias


Un verano para matar (1973) es, probablemente, sino la mejor al menos la más completa de las aportaciones que Antonio Isasi-Isasmendi realizó al género negro. Las andanzas de Ray Castor mientras, uno a uno, termina de liquidar a quienes acabaron con la vida de su padre siendo él un niño (un lugar común que la película, inteligentemente, resuelve en apenas una escueta secuencia) son el envenenado macguffin del que la película se sirve para entregar al espectador todo aquello que este espera de un producto cuyo cartel exhibe a un tipo con gafas de sol saltando sobre un deportivo a lomos de una moto embarrada: persecuciones a cuatro y dos ruedas dignas del mejor Bond, sexo, fiambres y mucho plomo. Es precisamente en su obsesión por epatar y deslumbrar a la platea que Un verano para matar, imbuida por el desvergonzado espíritu de los setenta, toma prestados cuantos recursos le hagan falta; por ejemplo, del cine de rape & revenge ejemplificado por títulos como A quemarropa (1967). En esta calculada despreocupación encuentra la película de Isasi-Isasmendi la amoralidad que la eleva por encima de otros productos similares filmados en su misma época. Amoralidad que alcanza su cenit en la escena en la que Ray (no en vano, interpretado por Christopher Mitchum, hijo del caradura por excelencia Robert) seduce a la chica que él mismo ha secuestrado ¡para atraer a su padre antes de matarlo!


Pero Un verano para matar es, sobre todo, la constatación de que España pudo albergar una verdadera industria y de hecho, durante un tiempo, ese fue el espejismo; un sistema de producción sólido que mirara cara a cara a las series B foráneas, y que hiciera del disfrute del espectador su único santo y seña. Una vez más, no pudo ser (siempre la consciencia autoral tan nuestra), pero queda para el recuerdo la interpretación de un Karl Malden tan inmenso como sus papeles le permitían.  


Rubén Sánchez Trigos


España-Francia-Italia, 1972. Director: Antonio Isasi-Isasmendi. Guión: Luis José Comerón, Jorge Illa y Antonio Isasi-Isasmendi. Fotografía: Joan Gelpí. Música: De Mellis. Intérpretes: Karl Malden, Chris Mitchum, Olivia Hussey y Raf Vallone.

Esta crítica de Un verano para matar forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.




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