Cine negro español: Siete días de enero (1978)


El 24 de enero de 1977 a las 22:40, dos hombres armados entran en el despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha. El resto es Historia


Era mi deber como ciudadano (Bardem)

Preguntado –Mundo Obrero, enero 2002– Juan Antonio Bardem por qué hizo Siete días de enero –en la que relata el asesinato de los abogados de Atocha a manos de unos pistoleros de extrema derecha, matanza que tuvo lugar sólo un año antes de que él estrenase su film– reflexionaba con gran sencillez: “Hice la película porque consideré –y considero– que era mi deber como ciudadano, como cineasta y como comunista.”


una película contra la violencia y el terrorismo
 venga de donde venga


Bardem asumió ese deber con mucho sentido del riesgo, habida cuenta de las tensiones sociales de aquel entonces (Durante el tiempo que la película estuvo en cartelera se encontró con problemas y amenazas de grupos como los llamados de Cristo Rey).

Siete días de enero nos muestra en clave de ficción documental alternando la recreación de los hechos con tomas de archivo la agitada tercera semana de enero de 1977: las calles están llenas de manifestantes (y contra-manifestantes); se pide amnistía para los presos políticos; tampoco faltan los nostálgicos de tiempos de Franco que se escandalizan con la llegada de la democracia; la huelga parece no llevar a ningún acuerdo para las partes… En medio de este panorama de caos social –no nos olvidemos de algún fallecido por “error” en las manifestaciones– empieza a subir la tensión hasta límites insoportables…

El 24 de enero de 1977 a las 22:40, dos hombres armados entran en el despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha, mientras un tercero vigila en la puerta. El resto es Historia...

Juan Antonio Bardem consiguió un thriller duro y compacto que, no sólo no envejece, sino que fermenta como los buenos vinos y mejora con los años, porque su ambientación realista denota su autenticidad. Tanto la sencillez a la que le obligaron la parquedad de medios como la estética documental colaboran a crear un ambiente tenso, donde ninguna imagen es decorativa y ningún plano está de más; todo es funcional y encaja en la maquinaria. También destaca el uso de la luz natural, que excluye cualquier atisbo de juego retórico.

La película se narra en crescendo desde la acción en la calle culminando con el “plato fuerte”: el asalto al despacho de abogados donde Bardem maneja, magistral, el uso del silencio, inmortalizándose la imagen de los abogados como víctimas con las manos en alto: un momento escalofriante, todos ellos indefensos ante el pistolero, un José Manuel Cervino en estado de gracia.

Bardem redondea la epopeya con las imágenes finales del entierro de los abogados anegadas en música de funerales donde se produjeron grandes concentraciones. Supone un momento humano y emocionante, el recuerdo para unas personas que no merecían sin duda ese destino y que fallecieron en un acto de terror

Valga como remate la frase promocional del DVD de la película: “Una película contra la violencia y el terrorismo venga de donde venga”. Piensen un poco en esa frase; no es tan inocente como parece, y daría pie a otro interesante debate…


David G. Panadero


España-Francia, 1978. Director: Juan Antonio Bardem. Guión: Juan Antonio Bardem y Gregorio Morán. Fotografía: Leopoldo Villaseñor. Música: Nicola Peyrac. Intérpretes: Manuel Egea, Virginia González, Fernando Sánchez Polack y Madeleine Robinson.

Esta crítica de Siete días de enero forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.

Publicar un comentario en la entrada