Cine negro español: Pascual Duarte (1975)


Mediante una sobria, directa y brutal realización, el director se centra en el retrato de Pascual Duarte y su descenso a los infiernos


La España Negra


Partiendo del muy famoso texto de Camilo José Cela, a mediados de los setenta Elías Querejeta encargó al director Ricardo Franco la realización de esta relectura cinematográfica acerca de los avatares de un lamentable campesino extremeño, cuya existencia está condicionada por la miseria, el atraso y la opresión social, hasta el punto de que, sometido a este entorno, acaba entregándose al crimen sólo para terminar siendo juzgado y ajusticiado por un organigrama social que adscribe un nivel de miseria casi mayor que el mismo asesino.


los silencios cargados de tensión dan paso
 a los arrebatos de violencia homicida


El filme recibió una buena acogida de crítica y público, siendo nominado en el Festival de Cannes de 1976, toda vez que sirvió a Jose Luis Gómez para hacerse con el premio al mejor actor. En general podemos decir que con cierto merecimiento, ya que la película, independientemente del nivel de fidelidad adaptativa hacia una novela sobrevalorada, como lo son la mayoría de Cela, cobra su propia identidad en aras de la realización y apoyada en la imagen visual. Mediante una realización estilística cargada de sobriedad, directa e incluso brutal, apuntalada por largos planos generales que nos proporcionan una imagen obsesiva e impregnada de la profunda épica de la desolación que arrastran los paisajes naturales en los que se encuadra la acción, el director se centra en el retrato del personaje principal y su sórdido descenso a los infiernos. El destripaterrones Pascual es recreado por Ricardo Franco de manera bastante convincente, como un individuo paradigmático de los peores resabios en tanto a la alienación hispánica más profunda, algo que nos remite a la atroz España Negra que hubo de captar Darío de Regoyos. Se trata de un individuo ensimismado, retraido y solitario, siempre impregnado del hálito acechante que provocan los acercamientos al límite de la cordura. Así, los silencios cargados de tensión dan paso a los arrebatos de violencia homicida que estalla de forma helada, en una manera de matar casi infantil que provoca la sensación de estar contemplando una suerte de regresión abominable. Esto conduce, no obstante, a que el ritmo de la narración se resienta, volviéndose lento y en ocasiones muy cenagoso.

La novela original versa sobre el determinismo, el condicionamiento del hombre por el entorno, por la familia y la sociedad en la que vive, hasta niveles que rozan la caricatura. Se trata de una novela sucia, que versa sobre las taras mentales y la violencia gratuita que no duda en buscar la repulsa del lector, en ocasiones incluso de una manera demasiado obvia. La adaptación cinematográfica, en todo caso, prescinde de la visceralidad un tanto burda de la obra de Cela para ofrecernos una visión helada y silenciosa. Porque, en efecto, podemos decir que esta es una película de silencios. El silencio, que se hace opresivo e impostado, transmite la esencia claustrofóbica de la demencia en una concreción fílmica muy solvente. Aunque sea sólo por eso, podemos decir que Pascual Duarte merece, por lo menos, un buen visionado.

J.F. Pastor Pàris


España, 1975. Director: Ricardo Franco. Guión: Ricardo Franco, Emilio Martínez Lázaro y Elías Q"uerejeta. Fotografía: Luis Cuadrado. Música: Luis de Pablo. Intérpretes: José Luis Gómez, Paca Ojea, Héctor Alterio y Eduardo Calvo.

Esta crítica de Pascual Duarte forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.

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