Cine negro español: Hay que matar a B (1973)


El protagonista está agitado por pasiones generosas, pero las vicisitudes políticas y la maraña de intrigas y de embrutecimiento que implican, acabarán por destruirle


Trágicas vicisitudes de un emigrante


Thriller político injustamente olvidado, coproducido por España y Suiza, con elementos de “polar”, en cierta medida es una película maldita. Rodada en inglés, con un reparto internacional de primera línea (Darren McGavin, Burgess Meredith, Stephanie Audran, Patricia Neal...), se ha dicho de ella que es una especie de “serie B” norteamericana rodada con escasos medios. Esto está más en los ojos del espectador de la época que en la realidad. Con el cine nunca nos bañamos en el mismo río cuando visionamos, en distintos momentos y circunstancias, los materiales.


plena de tensión narrativa
 y vigor argumental


Fue estrenada en 1975 dos años después de haber sido filmada, y en verano, teniendo por ello poco éxito de público. Tanto Robert Shaw como Jason Robards estuvieron a punto de protagonizarla pero no pudo ser.

El film gira en torno a las trágicas vicisitudes de un emigrante húngaro en un país sudamericano, de incógnita identidad aunque yo diría que el director tenia en mente Argentina[1]. Este personaje, nostálgico de su patria europea, trata de salir adelante con coraje individualista mediante un pequeño negocio basado en la propiedad de un camión. Una huelga general y las manipulaciones de la policía secreta le llevarán a ver morir a su joven socio y a conocer a una bella prostituta de lujo a través de la cual le tenderán una celada. Nuestro héroe, so pena de ser acusado de un asesinato, se ve obligado a participar en un maquiavélico magnicidio.

Dadas las coordenadas ideológicas del momento en que se realizó, su presunta ambigüedad y su ausencia deliberada de compromiso político explícito la convirtieron en indigerible para una critica y un público adoctrinado en las estupideces militantes del momento.

Plena de tensión narrativa, de vigor argumental y, como ha señalado algún crítico, "con una trama bien urdida y un sólido guión", resulta una película inteligente y entretenida. Diego Galán señala: “No es Hay que matar a B una película lineal, sino el complejo resultado de una reflexión en la que Borau se plantea el contacto del hombre con su realidad”.

Nos encontramos con una metáfora, lúcida y desencantada, del extrañamiento de la condición humana. Temática muy presente de modo velado en numerosos filmes clásicos y de género norteamericanos. El protagonista está agitado por pasiones generosas (su relación con la pequeña hermana de su socio, su romance sincero con la cortesana, su perseverancia y coraje frente a los obstáculos) pero el tejido mismo de lo real, representado por  las vicisitudes políticas y la maraña de intrigas y de embrutecimiento que implican, acabarán por destruirle. Lo cual no debe entenderse como una derrota sino como un testimonio visible (atención a la última imagen) del horror y el prodigio que significa existir.

José Luis Borau no sólo fue, en el marco de nuestra cinematografía, un muy interesante y atípico director sino un cualificado historiador cinematográfico. Ha sido también Presidente de la Academia, ocasional actor, publicista e impenitente y también impertinente (auto)productor.  

Frank G. Rubio



[1]       "Fue un contrato de los argentinos", contó Borau al crítico Antonio Castro. "Reformamos el guión y pusieron el grito en el cielo. Intervinieron luego los americanos, pero jamás encontrábamos al actor: Robert Shaw no quiso esperar y Jason Robards tuvo un accidente". 

España-Suiza, 1973. Director: José Luis Borau. Guión: José Luis Borau y Antonio Drove. Fotografía: Luis Cuadrado. Música: Pepe Nieto. Intérpretes: Darren McGavin, Stephane Audran, Patricia Neal y Burgess Meredith.

Esta crítica de Hay que matar a B forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.


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