Cine negro español: Fanny Pelopaja (1984)

Como si siguiera sus pasos

Vicente Aranda convierte Fanny Pelopaja en un cuento de terror abstracto, sádico. Un hombre y una mujer enfrentados en el único terreno posible: la cama


Con la aparición de Harry, el sucio (Don Siegel, 1971) cambió nuestra forma de ver a policías y psicópatas. Antes, los de la placa reluciente daban caza sin cuartel a los desequilibrados sin que el reparto de papeles entre ellos no dejara resquicio alguno para la confusión; pero, desde aquel entonces, empezamos a fijarnos, cada vez más, en lo que tienen en común, en esa zona de penumbra que los hermana, lo quisieran o no.

En este brillante thriller erótico, Vicente Aranda quiso dar un paso más allá al situar a una mujer obsesionada por la venganza y un policía corrupto enfrentados en el único territorio común y posible: la cama, entendida como campo de batalla donde Fanny (la actriz francesa Fanny Cottençon) y El Gallego (Bruno Cremer) se unen por una relación de tintes sadomasoquistas que sólo admite la aniquilación de uno de los dos.  

guiados por sus bajas pasiones
 como en una obra de gran guiñol


La película es una versión libre de la emblemática novela Prótesis (1980) de Andreu Martín, pero escogemos no observarla como mera adaptación, porque de esta manera podría resultar decepcionante. Como muestra un botón: la novela –después de experiencias homosexuales en váteres públicos– enfrenta a dos hombres, El Dientes y El Gallego. No sabemos si el propio cineasta consideró poco comercial está opción, el caso es que optó por una –más convencional dentro de lo que cabe– pareja heterosexual.




Si apreciamos el trabajo de Vicente Aranda de forma independiente podremos incluso advertir que, aún traicionando la letra, la película conserva –en cierta manera– algo (lo esencial nos atrevemos a decir) del espíritu de la novela.

Aranda consigue hacer un retrato sórdido y estilizado de las calles de Barcelona en este film donde los actores se mueven como en una obra de gran guiñol, guiados por sus bajas pasiones, al ritmo de una desencadenada banda sonora, un febril rock sinfónico –a cargo de Manel Camp y Teo Cardalda– que enrarece cada fotograma.

Por último, Aranda consigue convertir Fanny Pelopaja, casi, en un cuento de terror gracias a un tratamiento abstracto, sádico. Los destinos de Fanny y El Gallego parecen estar trazados en paralelos concéntricos, formando una extraña simetría.

Si él le destrozó a ella la boca con la culata del revólver, ella hará lo propio después del asalto al furgón blindado, cerrando, así, el primer círculo. Si él tuvo que dejar la policía para pasar una temporada en una clínica mental, cuando todo acabe, como si siguiera sus pasos, ella irá a esa misma clínica mental, anudando la segunda circunferencia.

Aún más, cuando llegue allí, su boca estará sellada definitivamente, para guardar el secreto de todo lo que vivieron juntos, y poner así punto y final a tan destructiva historia de amor.

Sin duda, estamos ante una de las películas de esos años que no sólo no ha envejecido, sino que se ha convertido en rara avis, y que debería servir de ejemplo hoy en día por su capacidad para la provocación, por su visceralidad, su radicalidad


David G. Panadero


España-Francia, 1984. Director: Vicente Aranda. Guión: Vicente Aranda. Fotografía: Juan Amorós. Música: Manel Camp. Intérpretes: Bruno Cremer, Fanny Cottençon, Ian Sera y Francisco Algora.

Esta crítica de Fanny Pelopaja forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.

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