Cine negro español: Crimen de doble filo (1965)


Crimen de doble filo destaca por su milimétrica puesta en escena y por el duro carácter de una historia en absoluto condescendiente 


El humanismo de Simenon y
los falsos culpables de Hitchcock


La trayectoria fílmica de José Luis Borau, figura capital para la cultura literaria y audiovisual española director avant la lettre de spots publicitarios, novelista, crítico cinematográfico, ex-director de la Academia de Cine,  académico de la lengua, guionista y cineasta, es una de las más atropelladas, extrañas e incatalogables de nuestra cinematografía; una carrera trufada de proyectos truncados, guiones inconclusos e ilusiones frustradas. A pesar de los innumerables baches, con su tenacidad de curtido guerrillero ha sacado adelante un puñado de películas, modestas joyitas que brillan por su rareza. Pese a pertenecer a la generación de los grandes artífices de la nouvelle vague francesa, Borau se ha distanciado marcadamente de los impulsos renovadores de los nuevos cines europeos, proclamando a viva voz su preferencia por el cine americano clásico y por la representación de las miserias cotidianas propuesta por la corriente neorrealista italiana.


película insólita entre tanto folklore
 y tanto regusto fascistoide


Muchos antes de que nos llegaran sus obras más personales y notables películas de reconocible sello autoral como  Furtivos (1975), La Sabina (1976), Niño nadie (1996) o Leo (2000)—, Borau rodó Crimen de doble filo con un reparto encabezado por los célebres actores argentinos Carlos Estrada y Susana Campos.  El resultado es uno de los artefactos fílmicos más extraños de una década cinematográfica comercialmente dominada por absurdas películas protagonizadas por superestrellas folclóricas o rancias y apologéticas producciones históricas de regusto fascistoide. De entre el vertedero, apenas podríamos salvar filmes de Basilio Martín Patino, Luis Buñuel, Fernando Fernán-Gómez, Luis García Berlanga, Miguel Picazo, Carlos Saura o José María Forqué, entre otros.

En este contexto, hallamos una pieza genuinamente policíaca en la que se entrecruzan el influjo del humanismo de Georges Simenon y los sufrientes falsos culpables del cine de Alfred Hitchcock. Sin ínfulas ni aspavientos, Crimen de doble filo se abre a diversas lecturas sociopolíticas. Pero el filme no sólo llama la atención por tratarse de una obra de género al margen de las habituales producciones de serie B, sino por su milimétrica puesta en escena, por un efectivo empleo del montaje y, finalmente, por el duro carácter de una historia en absoluto condescendiente con sus lamentables protagonistas. La narración se abre con un elegante travelling que, en apenas unos segundos, describe con transparencia y precisión el entorno en el que desarrolla su vida el desdichado protagonista.  Y es que Crimen de doble filo se caracteriza por una concepción detallista de los espacios que no tropieza en ningún momento con vulgares e innecesarios subrayados; aquello que permanece oculto a nuestros ojos acerca de un determinado personaje puede ser revelado a través de una observación atenta de su espacio vital. El trazo de los caracteres resulta, asimismo, de una esmerada sutileza, apoyada en los matices interpretativos de unos actores visiblemente cómodos en sus papeles.

Sin olvidarnos de sus numerosas virtudes, debemos achacarle, no obstante, puntuales debilidades en el desarrollo de la trama y un par de momentos de arritmia debidos a la reiteración de situaciones. Crimen de doble filo es, pues, un imperfecto pero reivindicable ejercicio del primer Borau presentado desde un primer momento como un relato cargado de divertida maliciosidad acerca de la cobardía, la mezquindad y la estulticia; sin embargo, el cineasta observa condescendiente y comprensivo como el maigretiano comisario  el drama de sus desorientadas criaturas, incapaces de elaborar un proyecto existencial duradero y consistente.


Ignacio Pablo Rico


España, 1965. Director: José Luis Borau. Guión: Juan Miguel Lamet y Rodrigo Rivero. Fotografía: Luis Enrique Torán. Música: Luis de Pablo. Intérpretes: Carlos Estrada, Susana Campos, Antonio Casas y José María Prada.

Esta crítica de Crimen de doble filo forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.



Publicar un comentario en la entrada