Cine negro español: Beltenebros (1991)


El Madrid arcaico de posguerra, sombrío y no exento de misterio, la clandestinidad en aquellos tiempos...

Pasado y presente buscan
entremezclarse

Adaptación llevada a cabo por Pilar Miró sobre la novela de Antonio Muñoz Molina, Beltenebros narra la historia de un antiguo militar reconvertido en sicario circunstancial, un inglés llamado Darman, el cual, en plena posguerra, viaja a Madrid con la misión de encontrar y matar a un topo despreciable que se oculta en las filas del muy clandestino Partido Comunista. Bajo este patrón argumental no exento de interés, la película pronto busca cobijo en los más básicos clichés del género negro; el protagonista no tarda en trabar contacto con una bella y misteriosa rubia, Rebeca, cantante de music hall y amante del hombre al que busca. Huelga decir que Darman, nuevamente atrapado por un pasado del que quiere huir, se acabará enamorando de ella, con las previsibles consecuencias que esto habrá de traer para el buen desenlace de su misión.


pero con lentitud exasperante


Con un planteamiento que, pese a lo manido, resulta bastante efectivo, y una puesta en escena más que solvente en la que destaca la ambientación de ese Madrid arcaico de posguerra, sombrío y no exento de misterio, lo cierto es que la película adolece de una marcada carencia de solidez en tanto a ritmo narrativo y verosimilitud en la recreación de personajes. Si la fotografía, a cargo de Javier Aguirresarobe, es con mucho lo mejor del filme al proponernos un magnífico viaje de ida a la oscuridad subterránea de la clandestinidad en aquellos tiempos, el ritmo de la historia no se sostiene, no parece en ningún momento que se encuentre dispuesto a arrancar de verdad. El pasado y el presente, con el crisol de la visión del torturado Darman, buscan entremezclarse, toda vez que lo hacen con lentitud exasperante y no sirven como vehículo para el desarrollo de los sentimientos del sicario hacia la mujer de su víctima, que más bien parece una imposición del tópico que algo que surja merced a una verosimilitud narrativa.




No obstante, si menoscabamos la consideración de todos estos detalles y enfocamos la película como un homenaje entrañable al cine negro clásico americano, con el contexto patrio de nuestra irrenunciable posguerra y otros elementos que sirven bien para la transposición del espectador, la película reviste un cierto interés. Dotada de una factura técnica sobresaliente, el devenir continuo de escenarios que parecen albergar las frías tinieblas de la existencia en la clandestinidad obligada, puede resultar variable en el grado de credibilidad, pero no cabe duda de que transmite la esencia de la sospecha, la suspicacia y el temor angustioso de una organización que sobrevive en las sombras de una dictadura totalitaria, esperando algo que no llega mientras se ve sujeta a engaños, manipulaciones y traiciones. Todo ello nos conduce a la percepción de un filme con un poder evocativo visual contundente, en el que a poco escarbar, sin embargo, desvelamos una obra huera de contenido.


J.F. Pastor Pàris


España-Holanda, 1991. Director: Pilar Miró. Guión: Mario Camus, Juan Antonio Porto y Pilar Miró. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Pepe Nieto. Intérpretes: Terence Stamp, Patsy Kensit, Geraldine James y José Luis Gómez.

Esta crítica de Beltenebros forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.

Publicar un comentario en la entrada