Cine negro español: Adosados (1996)


Mario Camus ofrece una visión muy personal: el desencanto —el propio y el de sus personajes ante un mundo postmoderno, postcapitalista y post casi todo

Un hecho trivial desencadena todo

La reputación de adaptador de clásicos literarios como Fortunata y Jacinta o La colmena ha acabado suponiendo un cierto sambenito para Mario Camus al darle la imagen de artesano poco arriesgado o poco implicado en sus proyectos. Sin embargo, el estilo un tanto frío y académico del cántabro no deja de traslucir una visión muy personal de las historias y personajes que describe, y su dilatada carrera incluye no pocos guiones originales e incursiones en los géneros más variopintos. El policíaco no es ni mucho menos una excepción, como muestran varias de sus obras durante los años noventa, en las que Camus utiliza el género para mostrar el desencanto de sus personajes, probablemente reflejo del suyo propio, ante un mundo postmoderno, postcapitalista y post casi todo en el que las convicciones y los valores sociales se desmoronan al mismo tiempo que se dificulta y degrada el trato entre las personas.


alienación y
 aislamiento psicológico


Tras retratar el ascenso de la cultura del dinero fácil en la España nueva rica de esa época a través de una trama detectivesca en Después del sueño (1991) y realizar a continuación el thriller rural intimista Sombras en una batalla (1993), el relato de una antigua etarra refugiada en el campo tras abandonar la banda, Camus concluye una especie de trilogía de flirteo muy personal con el género negro con Adosados, adaptación de una novela de Félix Bayón. El relato toma el punto de vista de un padre de familia burgués cuyo sentimiento de culpa e incapacidad de comunicarse con su entorno, que beben directamente de las obras de Patricia Highsmith, le llevan a convertir un hecho casi trivial (la muerte accidental del perro de la familia) en una espiral de conflictos de la que cada vez le resulta más difícil salir. La forma de vida de la clase media alta española, representada por la urbanización de chalets adosados en la que viven los personajes, en la que la única forma de ocio es acudir al centro comercial próximo, es retratada como un espacio de alienación; el padre (Antonio Valero) solamente es capaz de expresar sus problemas y sentimientos en un escenario completamente opuesto: la chabola en la que vive un inmigrante de Europa oriental que ni siquiera entiende el español y que a pesar de eso, o tal vez gracias a eso, es el único que consigue transmitirle algo de calor humano. El universo de aislamiento psicológico que se nos describe, y que vamos intuyendo que en cualquier momento puede desembocar en un estallido de violencia, alcanza una dimensión de crítica sutil al capitalismo ausente por lo general en las novelas de Patricia Highsmith o en el cine de Claude Chabrol, bastante similares a esta cinta, por otra parte, en estilo y temática.




El ser una propuesta tan apartada de la imagen ya comentada de su autor como adaptador de clásicos, y situarse igualmente al margen de los clichés habituales en el género negro español y también en el thriller de moda en la época, dominado por Quentin Tarantino y sus imitadores, sumado a una raquítica promoción y distribución en salas, provocó la indiferencia de crítica y público ante Adosados, una digna candidata a film de culto.

José Antonio López (Jalop)


España, 1996. Director: Mario Camus. Guión: Mario Camus y Félix Bayón. Fotografía: Jaume Peracaula. Música: Sebastián Mariné. Intérpretes: Antonio Valero, Ana Duato, Jaume Valls y Boris Nevzorov.

Esta crítica de Adosados forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.


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